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El amigo del enemigo

Por primera vez, un alto jefe militar estadounidense reconoció que los intereses de Estados Unidos, en su alianza con Israel, no siempre deben ser coincidentes.

27 de marzo de 2010 a las 12:00 a. m.
El amigo del enemigo

Un viejo principio de la diplomacia proclama que "el amigo de mi enemigo es mi enemigo". Durante demasiadas décadas, los estrategas estadounidenses nunca lo entendieron así y expresaban su ira y extrañeza porque el mundo árabe era hostil a Estados Unidos. De ahí a la irracional conclusión de que en realidad no eran los pueblos árabes sino su religión musulmana el verdadero enemigo de la superpotencia y, por extensión, de Occidente todo.

Era un reduccionismo bárbaro, que desató una oleada de intolerancia antiislámica que ha causado centenares de miles de víctimas, destrucciones masivas, xenofobia, racismo. Pero la obstinación en el error termina por impulsar a la realidad hasta a los pueblos y sus factores de poder más recalcitrantes en el fracaso.

Ese impulso está llegando finalmente a los escalones más altos de la política exterior y de la estrategia global estadounidenses. El 16 del actual, en su comparecencia ante la Comisión de Defensa del Senado de la Unión, el general David Petraeus, responsable de las operaciones militares en Afganistán, Pakistán, Irán, Irak y Yemen, afirmó que "el conflicto árabe-israelí perjudica la capacidad de Estados Unidos de hacer progresar sus propios intereses en Medio Oriente".

Identificó a la percepción que tienen los pueblos árabes de que Estados Unidos es aliado incondicional de Israel, como el obstáculo central contra el avance de la influencia de la superpotencia. A favor de esa percepción, sostuvo Petraeus, "creció en la región la influencia de Irán, a través de Hezbollah y Hamas, y debilitó la legitimidad de los árabes moderados, mientras Al Qaeda y otros grupos militantes están usufructuando el resentimiento de las poblaciones".

Informó a los sorprendidos senadores que había enviado a Israel una comisión de especialistas en asuntos de Medio Oriente -encabezada por el jefe de Estado Mayor General, almirante Mike Mullen-, que realizó un informe supersecreto, cuya principal conclusión fue que "en el plano militar y estratégico, los intereses de Estados Unidos e Israel no son siempre idénticos; más aún, suelen diferir ampliamente".

La exposición produjo conmoción en la Casa Blanca, sobre todo cuando el militar afirmó en el Capitolio que "la intransigencia de Israel pone en riesgo la vida de nuestros soldados, empeñados en la guerra contra el terrorismo islámico".

La reacción de Benjamin Netanyahu y sus "halcones" fue muy distinta: simplemente, desairaron a Mike Mullen, enviado del presidente Barack Obama, con un anuncio que algunos analistas compararon con el mismo efecto que se obtendría si se utilizara napalm para apagar un incendio de bosques: Israel construirá 1.600 nuevas casas en el sector oriental de Jerusalén, que es como decir que seguirá desalojando a los árabes de la ciudad santa para las tres religiones monoteístas.