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Educar es crecer

"Educar es crecer". Y sólo se crece bien con sólidos "cimientos" y una buena "alimentación". Fernando Barrutia.

08 de abril de 2010 a las 12:01 a. m.
Fernando Barrutia (Abogado)
Educar es crecer

Domingo Faustino Sarmiento decía: "Educar es poblar"; actualmente deberíamos decir: "Educar es crecer". Y sólo se crece bien con sólidos "cimientos" y una buena "alimentación".

Los "cimientos" son los valores que inculcamos a nuestros hijos; la "alimentación" es el ejemplo cotidiano que les debemos dar (hasta en los pequeños detalles, como no arrojar basura en la vía pública, no pasar semáforos en rojo, respetar la senda peatonal, usar casco en las motos, etcétera).

Los cambios educativos implican reformas en lo más profundo de nuestro ser; por lo tanto, sus resultados son progresivos y a muy largo plazo (quizá, como mínimo, puedan llevar una generación), pero mientras antes empecemos, antes llegaremos a la meta que nos hemos propuestos, ya que como decía Platón: "Lo más importante de cada tarea es el comienzo".

Lamentablemente, parece que estamos perdiendo el sentido común, ya que no nos damos cuenta de que una modificación en nuestra educación traería, por añadidura, un cambio en todo lo demás (política, economía).

El gran interrogante es: ¿qué gobernante se atreverá a realizar reformas de fondo y tan prolongadas en el tiempo para cosechar sus frutos, cuyo rédito político no se verá en forma inmediata? El político que esté dispuesto a dar la respuesta nos enseñará cuál es la diferencia entre un simple administrador y un verdadero estadista.

Esperanza y optimismo. A pesar de que la vorágine de problemas en la que vivimos inmersos a diario produce la acumulación de una densa niebla en el recorrido de la ruta de la vida, no perdamos el rumbo y saquemos fuerza de nuestro interior a través de dos motores fundamentales en nuestra marcha: la esperanza y el optimismo.

Tratemos de ver el vaso medio lleno y no medio vacío. Seamos optimistas sin dejar de ser realistas y tengamos esperanza sin ser ilusos.

Parafraseando a Juan Bautista Alberdi, tenemos que sentar "las bases y puntos de partida" para el nacimiento, desarrollo y crecimiento de una nueva dirigencia, cuyas prioridades sean el rescate de los verdaderos valores aplicados a la columna vertebral del cuerpo de una nación: la educación. No hay mejor educación que el ejemplo, y nos ahorraremos mil palabras.

Si uno es amo de lo que calla y esclavo de lo que dice, seamos esclavos de la verdad y dueños de la sabiduría de saber escuchar, sin resentimientos ni agresiones, con la suficiente grandeza de espíritu para saber aplicar las recetas de un menú en el que estemos todos invitados a compartir.

Nunca es tarde para cambiar; es cuestión de proponérselo y ello redundará en nuestro propio beneficio individual y como sociedad en su conjunto. No dejemos para mañana lo que podemos empezar hoy y no nos engañemos, ya que, como decía Abraham Lincoln, "se puede engañar a algunos todo el tiempo, se puede engañar a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo".