Cambios abruptos en liceos militares
El Gobierno debería actuar con más equilibrio y en diálogo con los interesados en un tema tan necesario.
E l Gobierno nacional, con el legítimo propósito de actualizar los contenidos y metodologías de enseñanza en los liceos militares -en consonancia con lo dispuesto para la estructura educativa a nivel general y en el marco de la Ley de Reestructuración de las Fuerzas Armadas- lanzó el denominado Plan 2010 para los Liceos Militares. La reforma afecta al Liceo Militar General Paz, el tradicional establecimiento que funciona en la zona norte de la ciudad de Córdoba, y la forma intempestiva en la que implementaron los cambios provocó el rechazo de padres y alumnos.
El Gobierno tomó la delicada decisión de intervenir en la educación de los militares y en la que se imparte a jóvenes civiles en los colegios dependientes de las tres fuerzas, en una cuestión que las administraciones democráticas anteriores prefirieron ignorar.
No puede ponerse en duda la necesidad de ese abordaje, habida cuenta de las distorsiones provocadas en la función de las Fuerzas Armadas por una ideologización que llevó a desnaturalizar sus funciones y a comportamientos antidemocráticos y violatorios de los derechos humanos.
Con el objetivo central de formar ciudadanos conscientes de sus derechos y obligaciones, más allá de su condición militar o civil, el Ministerio de Defensa de la Nación lleva a cabo desde hace tiempo acciones tendientes a la "desmilitarización" de los liceos a los que concurren niños y adolescentes, y que son mixtos desde mediados de la década de 1990.
La reforma establece que el uso de armas sólo será enseñado en forma teórica hasta cuarto año y recién en quinto se podrá manipular una carabina calibre 22. De paso, se da cumplimiento a la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño, a la que adhiere nuestro país.
También se eliminan algunos castigos castrenses que sobrevivían, como el arresto o la privación de salidas por cuestiones disciplinarias. Incluso, se ha flexibilizado el régimen de internado, permitiéndose también el seminternado y el alumno externo.
Hasta aquí, medidas razonables que, sin embargo, no se pueden imponer de un día para otro. Pero hay otros temas, bastante más complejos, que requieren un diálogo exhaustivo antes de su implementación, para no correr el riesgo de coartar a los padres y a los alumnos la libertad de elegir su propia educación. En ese rubro, hay que ubicar la eliminación de la enseñanza de la religión católica, reemplazándola por la asignatura "Problemáticas ciudadanas en la Argentina Contemporánea", y al consentimiento formal del egresado para pasar a la reserva.
No sería la primera vez que este Gobierno estropea una loable intención por sus malos modales. Sería bueno que los recupere si quiere, como dijo en estos días la Presidenta, dar vuelta una página dolorosa de nuestra historia.

