Avance hacia una mayor distensión
El acuerdo de reducción del arsenal nuclear firmado por Estados Unidos y Rusia contribuye a la distensión internacional, aunque aún deben superarse fuertes obstáculos para su vigencia.
B arack Obama y Dmitri Medvedev, presidentes de Estados Unidos y Rusia, respectivamente, suscribieron ayer en Praga un nuevo tratado de desarme nuclear (Stara, según sus siglas en inglés) que, se espera, permitirá la eliminación de 30 por ciento de las cabezas nucleares de ambos países en un plazo de siete años.
El acuerdo llega en un buen momento, porque las relaciones entre las dos superpotencias parecían regresar a los tiempos ominosos del equilibrio de la Guerra Fría, que durante medio siglo mantuvo a la humanidad en la cornisa del abismo del terror atómico. En 2008, los estadounidenses intervinieron de manera abierta en la guerra civil de Georgia, apoyando a las fuerzas de ese país que se oponían al neoimperialismo de Vladimir Putin, que jamás aceptó que Rusia pierda su hegemonía en Asia central.
Por cierto, los cambios en las cumbres de Washington y Moscú -Obama por el halcón George W. Bush y Medvedev por el neozar Vladimir Putin-, facilitaron el avance hacia una distensión que se había tornado harto difícil.
Pero existe una diferencia que destruye la tentación de paralelismos: mientras Bush es un mal recuerdo, Putin conserva gran parte de su poder de decisión como primer ministro.
El nuevo pacto sustituye al firmado en 1991 por Mijail Gorbachov y George Bush (padre), que caducó en diciembre de 2009, y limita a 1.550 las cabezas atómicas y a 800 las rampas de lanzamiento de cada país. Pero además representa fuertes advertencias a Irán y Corea del Norte, que llevan adelante sus programas de armamentos atómicos al margen de los tratados de no proliferación y de las presiones y temores de la comunidad internacional.
Por cierto que las firmas de los dos mandatarios no supone la automática entrada en vigencia de lo pactado. Los parlamentos de las superpotencias deberán ratificarlos. En Estados Unidos no será una tarea fácil, porque la ratificación de tratados internacionales requiere de los votos favorables de los dos tercios del Senado (67 miembros). Si eso no se logra antes de las próximas elecciones de mitad de mandato, que podrían significar para los demócratas la pérdida de la presidencia del Senado, se abriría entonces una dilatada fase de ríspidas negociaciones con los republicanos. Naturalmente, en el Congreso de Rusia no habría oposición suficiente para declararlo letra muerta.
Queda pendiente el diferendo entre las dos superpotencias acerca de un nuevo escudo antimisiles que Estados Unidos insiste en desplegar en regiones estratégicas de Europa oriental y Medio Oriente y Asia central (precisamente en Georgia) y que Rusia considera una amenaza directa contra su seguridad. Medvedev advirtió que su país denunciará el acuerdo si la superpotencia occidental no modifica su decisión.

