Arroyo Verde, la última piedra en el zapato
Los presidentes no tienen todavía la fórmula para disciplinar a los asambleístas. Carlos Paillet.
Un hombre de unos 55 años vive de lunes a viernes en el campamento levantado en el corte de la ruta 136, en Arroyo Verde. Duerme en una cama precaria dentro del vivac prefabricado, a un costado del camino. Dos mujeres lo acompañan durante el día. Los fines de semana, ese hombre es relevado por otro voluntario. Tres gendarmes pasan sus horas, indiferentes, en una casilla. Es la módica dotación que soporta desde hace tres años el bloqueo del paso internacional y que tiene en vilo a los presidentes rioplatenses.
No se trata de sacar a esa gente a los empujones de la ruta, pero cabe preguntarse, sobre la base de ese escenario diezmado: ¿cuál es la fuerza que tiene hoy la protesta y cuántos vecinos de Gualeguaychú están de acuerdo con extender sin límite el bloqueo?
La multitud que marchó el domingo por el puente binacional fortalece el argumento de los asambleístas duros, en el sentido de que detrás de ese puñado de gente apostado en Arroyo Verde hay "todo un pueblo en lucha". También es cierto que muchos de aquellos miles de manifestantes creen que el corte sin final es una estrategia agotada.
¿Y los presidentes? Al cabo de la reunión de ayer, ni Cristina Fernández ni José Mujica admitieron tener una solución en la mano para convencer a los manifestantes de que hay que acatar el fallo del Tribunal de La Haya y dar por concluido el bloqueo.
Hablaron de poner a la Comisión Administradora del Río Uruguay a vigilar la pastera para que no arroje basura al río, pero no hubo mención del corte. Nada es casual: no hay todavía una fórmula tendiente a disciplinar a los asambleístas más tozudos. Esa es la realidad; y, también, la última piedra en el zapato.

