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Argentina, nazis y delitos de lesa humanidad

Argentina apareció ante el mundo como refugio de criminales nazis. Aquí se los protegió y ocultó.

24 de marzo de 2010 a las 12:00 a. m.
Miguel Rodríguez Villafañe (ex juez federal de Córdoba)
Argentina, nazis y delitos de lesa humanidad

Argentina apareció ante el mundo como refugio de criminales nazis. Aquí se los protegió y ocultó. Siempre entendí que ello debía revertirse y la Justicia actuar de manera adecuada. Así, en 1987, como juez federal Nº 1 de Córdoba pude trabajar en ello, ante el dato de una pista que conducía a un genocida. No faltó quien, en medio de la actividad que se desplegó en el tema, sostuviera que no se justificaba seguir persiguiendo a alguien por hechos respecto de los cuales habían pasado 46 años. Costaba entender que todavía hubiere quienes siguieran pensando de esa manera; pero la voluntad que se tenía era firme y no se claudicó. La tarea previa fue intensa. Se trataba de graves imputaciones respecto de hechos sucedidos entre 1941 y 1944, durante la Segunda Guerra Mundial. La mañana del 13 de noviembre de 1987, en varios automóviles, nos dirigimos a la localidad de Huerta Grande. Los datos que se habían obtenido eran valiosos y fidedignos y se tenía que actuar pronto, para evitar que se escapara. En ese momento, luego de adoptar los recaudos legales, supervisé el operativo policial y personalmente procedí a llevar adelante la detención del prófugo. Una de las etapas más crueles de la historia del siglo 20 estaba a punto de tener un capítulo importante en Córdoba. Criminal de guerra. El hombre a quien busqué había arribado a Buenos Aires desde Marsella, a bordo del vapor Campana, el 19 de marzo de 1949, fugado de la prisión militar de Landeck-Tirol. Aquí, pronto logró obtener su cédula de identidad federal. El 22 de julio de 1955 consiguió, incluso, un certificado de "buena conducta". Aun más, en 1965 se le otorgó la nacionalidad argentina. Al llegar a la casa en la que se estimaba que estaba, ya había ordenado que se cubrieran todas las salidas. Cuando pregunté si se encontraba Josef Franz Leo Schwammberger, se me indicó que estaba en el primer piso. Allí, decidí subir solo. Arriba, sentado en una cama, encontré a quien se requería. El momento fue tenso y trascendente; tuvo un tremendo simbolismo. Lo hice identificar y, desde la ley, le di a conocer que procedía a llevarlo detenido, bajo graves cargos, por los que se lo requería para juzgarlo. Era la Argentina que -representada por su Justicia constitucional- actuaba ante el mundo como tantas veces quiso actuar y no se lo permitieron. ...ramos todos los que, con la fuerza de los verdaderos valores democráticos y de derechos humanos, veníamos a detenerlo por haber cometido crímenes contra la humanidad. Triunfaba de esa manera la civilización sobre la barbarie. Con autoridad moral y las armas de la dignidad humana se lograba capturar, de esa manera, a uno de los cinco criminales de guerra nazis más buscados del momento. Desde 1973, Schwammberger tenía un pedido de extradición de la República Federal de Alemania, emanado de un juez de la localidad de Stuttgart, bajo la imputación de "asesinato por placer u odio por motivos raciales, sustracción de cosa mueble ajena mediante amenazas y chantaje". El requerimiento de extradición se encontraba archivado en el Juzgado Federal de La Plata. El detenido se había desempeñado como comandante del gueto "A" de Przemsyl. También había sido jefe de custodia de los guetos de Kzwadow y Szamensol, los dos en Polonia, y del campo de trabajos forzados de Mieles. Asimismo, estuvo encargado de enviar, por tren, a muchos judíos y a otras personas al campo de exterminio de Auschwitz. Fin de la impunidad. Sometido a la Justicia argentina, para no ser extraditado y juzgado, Schwammberger apeló a todas las instancias judiciales. La Corte Suprema de Justicia de la Nación confirmó, el 20 de marzo de 1990, el rechazo de las pretensiones del detenido y ratificó la concesión de la extradición a Alemania. Se sostuvo que, "a la luz del derecho de gentes y ante el avance de formas criminales colectivas, dirigidas desde el propio Estado, que repugnan al sentir de la comunidad toda y por otra parte degradan al hombre, bestializándolo, es necesario que de una vez por todas y para siempre, crímenes atroces, el genocidio es uno de ellos, sean perseguidos y castigados". En Alemania se lo juzgó y fue condenado a cadena perpetua, con prisión efectiva. No hubo impunidad. Falleció en la cárcel el 3 de diciembre de 2004, con 92 años. Había pasado un largo tiempo pero, desde la verdad y la justicia, reverdecen los pueblos. Era, en ese momento, Alemania la que buscaba a los criminales nazis para juzgarlos y encarcelarlos, y fue la Argentina la que no los ocultaba más. La conciencia moral de los hombres dejaba claro que no podían quedar sin castigo quienes sometieron a un injusto holocausto al pueblo judío e hicieron sufrir a tantos otros, desde el horror deshumanizante del nazismo. El hecho histórico es de un gran valor ejemplarizador y debe conocerse, máxime cuando, a cada momento, se pretende relativizar, ignorar o negar las implicancias de los crímenes de lesa humanidad y la necesidad de que sobre ellos haya siempre verdad y justicia, como corresponde.