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Comer y beber

Historias de vida. De Japón a barrio Liceo: la historia de Mónica Oshiro y su apuesta por el ramen

Nació en Córdoba, vivió más de 20 años en Japón y hoy cocina la sopa de moda en un rincón inesperado de la ciudad.

27 de marzo de 2026, 16:23
De Japón a barrio Liceo: la historia de Mónica Oshiro y su apuesta por el ramen
Rotisería Oshiro, en barrio Liceo.

En una zona donde predominan las rotiserías y los sabores conocidos, aparece un plato que no suele ser parte del paisaje. En barrio Liceo, lejos de los polos gastronómicos más visibles de la ciudad, Mónica Oshiro decidió abrir un pequeño local austero donde el ramen es protagonista.

No hay grandes gestos de diseño ni una puesta en escena sofisticada. El lugar es simple, casi doméstico, y convive con una carta amplia que incluye lomitos, pizzas, hamburguesas y platos clásicos de rotisería. Pero entre todo eso, aparece algo distinto: un caldo que lleva más de un día de cocción y una historia que atraviesa continentes.

“Soy cordobesa, pero mi papá es hijo de japoneses que vinieron durante la guerra”, cuenta. Sus abuelos llegaron a la Argentina en plena Segunda Guerra Mundial y se instalaron primero en el norte del país. “Nunca aprendieron español”, recuerda. Su abuelo trabajaba en una tintorería, como muchos inmigrantes japoneses de la época.

Rotisería Oshiro, en barrio Liceo.
Rotisería Oshiro, en barrio Liceo. (La Voz)

Viaje a Japón

Su vida cambió a los 14 años, cuando se fue a Japón con su padre. “No hablaba nada. Nada. Dejé el colegio porque no entendía”, dice. Se instalaron en la provincia de Gunma, en una zona con presencia de comunidades extranjeras. Allí empezó a trabajar muy joven, primero en una fábrica de luces para bicicletas y luego en grandes industrias como Mitsubishi y Suzuki.

La experiencia japonesa la marcó profundamente. “Es un país muy estricto. Todo es tiempo, disciplina, respeto. Si tenés que estar a una hora, estás a esa hora. No hay margen”, explica. También habla de una sociedad más cerrada, donde durante años los extranjeros tuvieron muchas limitaciones para integrarse plenamente.

Su vida siguió en movimiento. Formó una familia, tuvo hijos en distintos países y vivió también en Brasil, en Foz de Iguazú, donde incorporó nuevos sabores a su cocina. “Ahí aprendí mucho de la comida brasileña”, cuenta. En su local actual, esa influencia también aparece: desde platos típicos hasta preparaciones más híbridas que combinan lo aprendido.

Después de años de idas y vueltas –entre Japón, Argentina y Brasil–, y tras atravesar una enfermedad que la obligó a bajar el ritmo, decidió instalarse definitivamente en Córdoba con tres hijos. “La cocina para mí es una terapia. Es mi lugar”, dice.

Su primer emprendimiento fue una rotisería en el Talar de Mendiolaza, donde ofrecía platos argentinos y brasileños. Pero sentía que algo faltaba. “El ramen lo hacía en casa, para mi familia. Me decían que lo venda, pero no me animaba”, recuerda.

Hoy, en barrio Liceo, ese plato es la estrella de los días miércoles. “Lo empiezo a cocinar el lunes y por ahora sale solo una vez a la semana” cuenta Mónica.

Rotisería Oshiro, en barrio Liceo.
Rotisería Oshiro, en barrio Liceo. (La Voz)

Ramen cordobés

En Córdoba, el ramen suele aparecer en zonas céntricas o en barrios gastronómicos en tendencia. La apuesta de Oshiro es distinta: llevar ese plato a un barrio donde no forma parte del consumo habitual.

¿Por qué decidiste hacer ramen acá?

−Porque es algo distinto. Mi familia siempre me decía que lo hiciera. En Córdoba está de moda, pero más en el Centro. Acá no se ve tanto.

–¿Qué tiene de especial el ramen?

−Cada región de Japón tiene su versión. No es uno solo. Osaka, Tokio, Sapporo… todos son distintos. El que yo hago tiene base en lo que aprendí allá, trabajando y estudiando allá.

−¿Cómo se construye un buen ramen?

−Lo más importante es el caldo. Si el caldo no está bien, no importa nada más. Puede fallar la carne o el fideo, pero no el caldo.

¿Cómo es el proceso?

−Es largo. Se hace con hueso de cerdo, que se hierve varias veces hasta que el agua queda limpia. Después se cocina entre 24 y 48 horas a fuego bajo. Ahí se le agregan jengibre, ajo y verduras. Tiene que quedar lo más natural posible.

¿Y el sabor final?

−Del “tare”. Es una base que lleva salsa de soja, sake, mirin, vinagre de arroz. Sin eso no tiene sabor. Es como el alma del ramen.

¿Cuántos tipos hay?

−Tres bases: cerdo (tonkotsu), pollo y vegetal. Después cambian los toppings según la región.

−¿Qué lleva un ramen completo?

−Tiene cuatro cosas clave: caldo, fideo, carne y huevo. También alga, que ayuda a limpiar el aceite. Pero lo más importante siempre es el caldo.

Brasil también

Además del ramen, la carta sigue en expansión. A la base de platos argentinos y brasileños, se suman nuevas incorporaciones que dialogan con su recorrido. En los próximos días, por ejemplo, planea sumar pollo agridulce crocante con arroz frito japonés, una preparación que sintetiza bien ese cruce cultural que define su cocina.

Nada en el local parece buscar impresionar. Más bien todo responde a una lógica de supervivencia y aprendizaje. El ramen convive con el lomito, el arroz frito con la hamburguesa, en una carta que refleja una historia personal antes que una estrategia gastronómica.

En ese cruce, tal vez, está el verdadero valor de la propuesta: en la autenticidad de un recorrido que encuentra en la cocina una forma de síntesis y redención.

Para probar

Rotisería Oshiro. Rubén diario 4702, barrio Parque Liceo Segunda Sección. Teléfono (0351) 153-419917.