Hay calles que cargan historias. Y la Tejeda, en el Cerro de las Rosas, tiene unas cuantas para contar. Hubo un tiempo −no hace tanto, apenas una década− en que caminarla un fin de semana implicaba sortear filas, elegir entre aperturas permanentes y ver cómo Córdoba convertía este corredor en uno de sus polos gastronómicos más vibrantes.
Hoy el paisaje cambió: algunos locales vacíos, otros cerrados y una sensación de pausa, de stand by, atraviesa la zona.
Por eso llama la atención cuando un lugar rompe la lógica y aparece lleno. Más aún un sábado al mediodía, en tiempos en los que salir a comer requiere hacer cuentas. Primo, el restaurante nacido en Alta Córdoba que construyó prestigio sobre una buena relación precio calidad, parece haber encontrado la fórmula para desafiar el contexto: salón completo y gente esperando mesa.

No es poco
La nueva sucursal funciona en una propiedad hermosa. Primo hizo allí una intervención inteligente: espacios amplios, buenas aberturas, materiales que aportan calidez y un juego de texturas que construye un microclima agradable.
El concepto gastronómico también está definido desde el arranque: tablas de pastas, meriendas y mariscos libres, unas apuestas que no siempre resultan sencillas pero que aquí parecen haber encontrado una audiencia fiel.
Hay familias, parejas, grupos de amigos. El movimiento es constante y, aun así, el servicio mantiene un ritmo llamativo. Desde el ingreso hasta el pedido, todo sucede rápido. Muy rápido. Y eso, con el salón lleno y mesas esperando, merece mención.
El reverso de esa velocidad aparece en un detalle que sorprende: no hay panera ni aperitivo inicial. Ese pequeño gesto que durante años funcionó como preludio de la experiencia parece haber quedado atrás. Puede leerse como parte del vértigo operativo, pero también como un reflejo de un cambio de época sin panes a la vista.

Abundancia
Arrancamos con rabas ($ 25 mil), una porción pensada para compartir y que fácilmente alcanza para que piquen no dos, sino cuatro personas. Lo primero que aparece es el volumen, pero no se queda sólo en cantidad.
Las piezas llegan jugosas, con un rebozado fino y crocante, sin exceso de fritura ni de pesadez. Hay equilibrio entre textura y producto, algo no tan frecuente en una entrada que suele pecar de rigidez o de aceite. Se acompañan con limón y con salsa tártara, dos clásicos que aquí cumplen su papel sin invadir.
Pero el plato que mejor explica el espíritu de Primo es probablemente la paella ($ 22 mil). En carta figura para una persona, aunque tranquilamente puede resolver el almuerzo de dos −o incluso de tres, si se comparte una entrada.
La característica principal está en la generosidad: mucho “bicho”, como diría cualquier habitué, y un arroz trabajado desde la humedad. Los granos llegan bien cocidos, integrados al caldo, lejos de versiones secas o rígidas.
Los condimentos aparecen presentes en armonía, sumando profundidad sin tapar el protagonismo del conjunto. Es una paella amable, sabrosa y abundante. Volveríamos por ella.

Baño y postre
El cierre, luego de visitar un baño impecable, llega con uno de los históricos de Primo: la esfera de chocolate ($ 8 mil). Está desde los inicios del restaurante y probablemente esa permanencia explique parte de su éxito.
La propuesta mantiene algo de teatralidad: sobre una esfera de chocolate se vuelca salsa caliente para romperla y descubrir el interior. Aparecen entonces el helado, las frutillas y una base de brownie que sostiene el conjunto.
Quizás el balance podría inclinarse un poco más hacia la fruta para encontrar mayor frescura y contraste, pero sigue siendo un postre efectivo. Sobre todo porque conserva ese pequeño ritual que obliga a intervenir el plato antes de comerlo, un gesto que siempre suma algo de juego a la mesa.
Conclusión
Hay algo interesante en el fenómeno Primo: logra reunir varias cosas difíciles de encontrar juntas. Un lugar lindo, una propuesta clara, servicio eficiente y precios que todavía resultan razonables para la experiencia ofrecida.
Tal vez ahí esté la clave de esas mesas llenas y de la gente esperando en la puerta. Porque, en tiempos de presupuestos ajustados, salir a comer ya no se trata sólo de la comida. También importa cuánto dura la experiencia, cómo te atienden, cuánto sentís que recibís a cambio de la cuenta final.
Primo parece entender bien esa ecuación. Y mientras la Tejeda busca reencontrarse con aquella vitalidad gastronómica que supo tener, este local da señales concretas de movimiento. No alcanza para hablar de resurrección, pero sí de algo importante: todavía hay lugares capaces de convocar.
Primo Resto Bar
Calificación: muy bueno.
Tejeda 4526, Cerro de las Rosas.
Teléfono (0351) 158-130567.
Abierto todos los días de 9 a 0.30.
Efectivo y tarjetas.

