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Comer y beber

Vinos. Hervé Fabre y las burbujas argentinas con corazón francés

El bodeguero llegó hace más de 30 años desde Francia buscando vinos para exportar y fue uno de los pioneros del malbec en Argentina. Ahora presenta su primer espumoso método tradicional.

16 de abril de 2026, 10:56
Hervé Fabre y las burbujas argentinas con corazón francés
Hervé Fabre bodeguero francés propietario de Fabre Montmayou que tiene sus propios viñedos y bodegas en Mendoza y Patagonia.

El mundo del vino está pasando por un momento sísmico a nivel mundial, pero el señor Hervé Fabre se lo toma con tranquilidad y hasta con indisimulado buen humor y recuerda lo que decía Jacques Chirac, “les emmerdes ça vole toujours en escadrille” famoso dicho del expresidente francés cuya decente traducción sería “los problemas llegan todos juntos”.

A la baja del consumo del vino, los tirones por los aranceles de Trump, la guerra en Rusia y ahora el encarecimiento del petróleo por la guerra en Irán, el sombrío panorama de las finanzas mundiales calan hondo en el consumo de vino y las bodegas lo sufren.

Con muchos años en el negocio del vino, nada lo asusta. Recién arribado a Argentina en su visita anual a su bodega y sus viñedos, el fundador de la bodega Fabre Montmayou, viene orgulloso a presentar el primer espumoso de método champenoise salido de la flamante champañera que armaron en Vistalba, Mendoza. Hervé Fabre es uno de los descubridores del malbec, allá por la década de 1980 cuando Argentina producía gran volumen pero le faltaba calidad.

Un poco por casualidad probó el malbec, sintió su potencial y fundó la bodega y los viñedos que con su nombre conquistaron los paladares argentinos y marcaron el camino del malbec en el mundo.

Como negociante de vinos en Francia, sabe como pocos la importancia del precio y el equilibrio necesario para el acuerdo con la calidad. “He visto vinos argentinos en restaurantes por más de un millón de pesos. Eso es un engaño del marketing”. Se ríe, habla un castellano muy fluido salpicando sus frases con palabras en francés.

Hervé Fabre bodeguero francés propietario de Fabre Montmayou que tiene sus propios viñedos y bodegas en Mendoza y Patagonia.
Hervé Fabre bodeguero francés propietario de Fabre Montmayou que tiene sus propios viñedos y bodegas en Mendoza y Patagonia. (Javier Ferreyra )

La sabiduría francesa al servicio del champán

Y sólo un francés tiene permitido hablar con estricta sabiduría casi genética sobre el champán, que Hervé pronuncia en francés para diferenciar los franceses de los espumosos nacionales. Está presentando la novedad del espumoso Fabre Montmayou, elaborado con método champenoise con uvas de Gualtallary.

Sostiene la botella con una etiqueta afrancesada y se enfoca en señalar las virtudes de su apuesta por un buen espumoso. “Tiene mayoría de chardonnay y un 40 por ciento de pinot noir, al estilo de la Champagne, y las uvas provienen de un viñedo a unos 1540 metros de altura especialmente plantado para hacer espumosos. Está elaborado como pienso que se debe elaborar un espumoso: con mínimo de 18 meses sobre borras, aunque en este caso tiene 20”, dice con orgullo.

Después agrega que hay otra tanda en espera que va a llevar 26 meses sobre borras, que son los restos de las levaduras muertas durante el proceso de la fermentación en botella y que le confieren una complejidad única al espumoso, en especial su cremosidad y mayor presencia en boca.

“No sabemos aún lo que vamos a lograr con 26 meses, pero es muy importante para nosotros porque en Francia la diferencia es enorme, y es donde se ve conceptualmente si hay o no cosecha”, agrega.

Espumosos en toda ocasión

Describe el proceso de elaboración con precisión de detalles, los maravillosos viñedos en la zona calcárea y fría de Gualtallary, las uvas que llegan a la champañera en Vistalba, el cuidado que pone el enólogo Juan Bruzzone en la elaboración.

Y asegura: “Lo importante en el espumante, como todos los vinos, es decidir el corte, y lo hacemos al estilo de la Champaña con chardonnay y pinot noir. A la hora de comparar, puedo decir que hay buenos y malos champán en Francia, así que no se puede generalizar. Me siento muy conforme con lo que hemos logrado acá. El pinot noir es una uva muy difícil, se pudre fácilmente y como vino se oxida rápidamente. Pero hicimos una selección tanto en clones como de altura especialmente pensando en espumosos”.

Hervé señala que el espumoso es apropiado para varias opciones y no sólo para postre o festejos. “El mundo de las burbujas está en auge en el mundo, mientras el vino cae en consumo, las burbujas suben, los jóvenes han encontrado algo divertido y rico en las burbujas”, dice con una visión muy precisa del negocio a nivel mundial y una ironía no exenta de sabiduría.

Hervé Fabre bodeguero francés propietario de Fabre Montmayou que tiene sus propios viñedos y bodegas en Mendoza y Patagonia.
Hervé Fabre bodeguero francés propietario de Fabre Montmayou que tiene sus propios viñedos y bodegas en Mendoza y Patagonia. (Javier Ferreyra )

El humor social y el vino

Hervé mantiene una relación muy atenta con la evolución del vino argentino, siendo que fue uno de los pioneros del malbec. Y en ese sentido es categórico en su lectura sobre los problemas que afronta la industria. “El vino acompaña mucho el humor y el clima social. Al no estar pasando por el mejor clima mundial, creo que es una de las causas de la baja del consumo de vino”, dice mientras invita con el Gran Vin, el vino insignia de Fabre Montmayou, de predominio malbec con toques de merlot y cabernet franc.

“El vino depende también mucho de la moda, y eso juega en contra de la bodega porque cada cual tiende a enamorarse de su vino y muchas veces no ve llegar la moda”, sentencia.

Las expectativas con el espumante están latentes. Este fresco y delicado espumoso brut nature se muestra perfecto para acompañar comidas suaves y disfrutar lentamente, con sus burbujas persistentes, dejos cítricos y arrastre.

“Esperamos marcar una diferencia con los espumantes argentinos tradicionales. Si después el consumidor no lo va a aceptar, no lo sabemos, pero si no apostamos a eso nunca lo sabremos. La diferencia entre esta industria y otras actividades, es que en el vino se puede inventar, crear, apostar, sin poner en riesgo la empresa. Si me equivoco, bueno, son 10 mil botellas. Si lanzo una línea de yogurt que son 100 mil por hora, bueno es más complicado”, dice riéndose. No pierde el humor, la elegancia francesa ni la precisión en la lectura del comportamiento del consumo.

“Argentina está haciendo los mejores vinos de su historia, hace falta que el consumidor aprenda y entienda”, completa. Por eso sus altas expectativas en el posicionamiento del vino argentino en el mundo.