La cocina apareció primero como un espacio de afecto. Los aromas de las recetas que preparaba su abuela marcaron la infancia de Virginia Basualdo y despertaron una curiosidad que, con el tiempo, se transformó en una forma de vida.
Pero también hubo otro motor: problemas de salud que comenzaron cuando era muy joven y la llevaron a buscar respuestas en la alimentación, las plantas medicinales y distintas prácticas de bienestar.
Ese camino de investigación, viajes y formación la convirtió en cocinera, pastelera profesional, asesora en nutrición y fitoterapeuta. Ahora acaba de publicar Cocina sabia, su segundo libro, que presentará el próximo 22 de julio en el Vivero Fábrica de Plantas (Tissera 4300), en El Talar de Mendiolaza, con degustaciones y un encuentro abierto dentro del Mercadito Agroecológico.
"La cocina de mi abuela estaba plagada de recetas caseras y aromas reales. Esa herencia culinaria fue una influencia importantísima en mi vida", recuerda. Y agrega que, con los años, descubrió que "el cuerpo puede encontrar la sanación a través de la alimentación consciente, las plantas medicinales y otras prácticas que nos conectan con nosotros mismos".
Lejos de plantear un simple recetario, Basualdo entiende que cocinar también implica una manera de relacionarse con la tierra y con los alimentos.

Más que recetas
–En "La mujer del maíz", tu primer libro, decís que es un libro de "recetas y palabras". ¿Qué buscás transmitir más allá de la cocina?
–Las palabras son creadoras. Lo que decimos puede construir o romper, puede convertirse en alimento para uno mismo y para quienes nos rodean. Las mujeres de muchas culturas, las chamanas, sanadoras y curanderas, también curaban con las palabras y con recetas de plantas medicinales. Esa sabiduría todavía está presente y creo que vale la pena recuperarla. Ese rescate de conocimientos tradicionales también aparece cuando habla del maíz, un alimento que considera central en la identidad latinoamericana.
–¿Qué representa el maíz para vos?
–Es la Madre dadora de Vida. Es un cereal fundamental para muchos pueblos de América. En los últimos años fue muy manipulado genéticamente y creo que conservar sus semillas es una forma de resistir a un modelo homogéneo que poco tiene que ver con la diversidad que nos ofrece la naturaleza.
Saberes
Su formación combina gastronomía, nutrición y fitoterapia, disciplinas que, según explica, no compiten entre sí.
–¿Cómo conviven el conocimiento científico con los saberes ancestrales?
–Se alquimizan y se transforman permanentemente para ofrecer en cada receta sanación, autoconocimiento y un cuidado amoroso hacia uno mismo y también hacia el planeta.

Después de recorrer distintos países de Latinoamérica y Europa, Virginia sostiene que Argentina todavía tiene mucho por recuperar en materia alimentaria.
–¿Qué enseñanza sentís que nos falta incorporar?
–Recuperar la agricultura familiar y volver a mirar los conocimientos de los pueblos que habitaron esta tierra desde siempre. Nuestro cuerpo biológico tiene una enorme capacidad de autosanación cuando se conecta con el alimento real, el agua sana, el sol y la naturaleza.
Cambios simples
Basualdo reconoce que muchas personas sienten que comer mejor es sinónimo de gastar más dinero o dedicar demasiadas horas a cocinar, aunque cree que existen cambios sencillos que pueden incorporarse.

–¿Cuáles serían los primeros pasos?
–Elegir productos agroecológicos u orgánicos, al menos en aquellos alimentos que consumimos todos los días. También organizar las comidas semanales, preparar algunos ingredientes con anticipación, incorporar fermentos y salir de esa idea de que comer saludable siempre es caro. En los libros hablo mucho de ello.
Entre los ingredientes argentinos que considera poco valorados menciona la quinoa, el amaranto, el lupino, la algarroba, el chañar y la mandioca, productos que, asegura, poseen un enorme potencial nutricional y cultural.

Presentación
El próximo 22 de julio, a las 17, Basualdo presentará Cocina sabia en el Vivero Fábrica de Plantas, en El Talar de Mendiolaza. El libro cuenta con fotografías de Natalia Roca e ilustraciones de Silvina Montechiessi.
–¿Cómo será ese encuentro?
–Habrá degustación de recetas del libro y compartiremos saberes dentro del Mercadito Agroecológico que se realiza cada 15 días en ese espacio. Me gusta pensar que será un reencuentro con nuestra alma y con el valor de volver a sentirnos vivos en un mundo generoso y mágico.
Para la autora, el mayor deseo es que quienes lean sus libros descubran que el cuidado personal también implica cuidar aquello que nos alimenta.
"Si nosotros queremos sanar y florecer, lo mismo debemos hacer con la tierra. Alimentarla, agradecerle sus dones y comprender que la vida es un constante dar y recibir. Esa reciprocidad es, quizás, la receta más importante de todas".

