Hay propiedades que parecen destinadas a la gastronomía. Casas grandes, con amplio jardín, árboles maduros y rincones capaces de hacer sentir de vacaciones aun estando a pocos kilómetros de la ciudad.
En Mendiolaza, una de esas direcciones vuelve a encender sus fuegos con una nueva propuesta que busca jugar fuerte. La propiedad ya tuvo otras vidas, pero esta vez la apuesta se siente distinta. Más ambiciosa. Más trabajada.
La inversión está a la vista desde el ingreso: refacciones importantes, iluminación estudiada, objetos de diseño y una ambientación que no tendría demasiado que envidiarle a una estancia de lujo.
Hay hogar encendido, calefacción intensa y un detalle simpático que resume bastante bien el espíritu del lugar: mantitas individuales sobre cada silla, disponibles por si el frío serrano se hace notar. Hacen juego con los almohadones. Todo está pensado para generar confort.

"Glamour"
La cava merece un capítulo aparte. No es simplemente un espacio funcional para almacenar vinos: está diseñada para ser vista. La iluminación y la puesta en escena logran algo poco frecuente, que dan ganas de detenerse y recorrerla aunque no se tenga intención inmediata de pedir una botella.
La carta propone un recorrido amplio: empanadas, provoleta, tortilla, langostinos rebozados en panko, cortes premium, pescados y pastas. Una propuesta suficientemente abierta como para no quedar encorsetada únicamente en las brasas.
Arrancamos con una cortesía de escabeche de vegetales, exquisito, con pancitos calentitos. Entre las entradas elegimos Sabor de Fuego ($ 18 mil), una combinación de queso brie fundido sobre tortilla santiagueña, con uvas asadas a la plancha.
El plato llega con una porción generosa de queso, ya en un punto de maduración que no pasa inadvertido: deja una huella clara en el paladar. Tiene esa personalidad algo más intensa y evolucionada que no busca gustarle a todo el mundo, pero que aporta carácter.
La tortilla santiagueña funciona como soporte para absorber la intensidad del queso, mientras las uvas aportan un contrapunto fresco y dulce que ayuda a equilibrar el conjunto. En la mesa espera además (un buen) aceite de oliva para completar el recorrido en busca del equilibrio.

Hay algo interesante en esta propuesta: toma un clásico casi universal –pan y queso– y lo lleva hacia un territorio algo más sofisticado. Un toque de glamour, sin perder del todo la simpleza.
El fuego
A la hora de los principales la oferta se mueve entre carnes, pescados y pastas, aunque el corazón conceptual del lugar parece estar claramente puesto sobre las brasas.
Fuimos por Pasión Pedernal ($ 39 mil): rack de ojo de bife acompañado por chimichurri ahumado, salsa criolla, verduras escalivadas y papas rústicas.
Aunque en la carta aparece como rack, en la práctica llega una única pieza de carne con hueso, más cercana a un gran bife con hueso (bone in ribeye) presentado individualmente. Y hay algo para destacar en esa decisión: mantener el hueso limpio no sólo mejora la presentación visual, sino que también suma profundidad al sabor.
Curiosamente no preguntan el punto de cocción, un detalle que suele ser importante cuando se trabaja con cortes de esta calidad. Sin embargo, el resultado llega en un punto intermedio muy logrado: jugoso, pero firme; prácticamente como uno lo hubiera pedido.
El chimichurri ahumado aporta una personalidad diferente, alejándose del clásico de bodegón sin resultar invasivo. Como guarnición, pedimos papas a la crema: rodajas de papa en abundante crema, coronadas con queso gratinado.

Un final clásico
Antes del cierre pasamos por el baño. Puede parecer un detalle menor, pero en gastronomía muchas veces cuenta más de lo que parece. Aquí aparece impecable, tan cuidado como el resto de los espacios del restaurante. ¡Y tiene ganchitos para los abrigos!
Para el final elegimos un clásico: panqueque con dulce de leche ($ 9 mil), servido con bocha de helado de frutilla.
No hay demasiadas vueltas conceptuales ni reinterpretaciones modernas. Llega bien relleno y profundamente goloso. De esos postres que apelan a una memoria afectiva muy simple: funcionan porque siempre funcionaron.
Además, repite otra característica del lugar: es abundante. Perfectamente compartible entre dos personas.
En definitiva, esta nueva apertura en Mendiolaza parece haber entendido algo importante: cuando se apuesta por una experiencia de alta gama, se empieza por el diseño de interiores.
Aquí hay un escenario serrano de gran nivel, una ambientación muy cuidada y platos que acompañan bien esa expectativa. La sensación final es la de un buen lugar, pensado para quedarse.
Pedernal Estancia de Fuegos
Calificación: bueno
Martín Tissera 50, Mendiolaza
Teléfono: (0351) 152-143151
Abierto jueves y viernes de 20 a 24. Sábados de 12 a 16 y de 20 a 01. Domingos, de 12 a 16.
Efectivo y tarjetas
Estacionamiento
Juegos para niños (en el jardín)

