Las cafeterías son el lujo actual más accesible. Por la mitad de lo que cuesta una cena, uno puede ir y pasarla más que bien probando una infusión más un producto de panadería o pastelería. O las dos.
En este caso llegamos a Cherry Season, del Cerro de las Rosas, ubicada en una esquina icónica del barrio. La casualidad es que en una misma cuadra convive con nombres fuertes como Goulu y Panicafé. Y la gente responde.
El café y el brunch son las tendencias de esta temporada de invierno mileísta. Y lo bueno de esta experiencia empezó apenas abriendo la carta, porque incluso antes de probar el primer bocado ya daban ganas de volver.
No porque el lugar impresione con lujos extravagantes, sino porque la carta genera una sensación poco frecuente: sabés que, elijas lo que elijas, inevitablemente vas a dejar varias cosas pendientes para la próxima visita.

Llamadores
El servicio arranca con un sistema de llamadores desde las mesas que agiliza la atención sin romper la tranquilidad del salón. Parece un detalle menor, pero evita esas eternas búsquedas visuales del mozo.
Todo el equipo trabaja vestido con indumentaria inspirada en el Mundial y transmite una imagen prolija y uniforme. Detrás del mostrador, el gran tostador de café funciona casi como una pieza de decoración.
No está escondido: forma parte del espectáculo y recuerda permanentemente que acá el café tiene un rol protagónico.

La iluminación también merece un párrafo aparte. Genera ambientes y destaca la vitrina donde descansan los verdaderos protagonistas de la casa: laminados, cookies y una pastelería que seduce. Mucho.
El problema de elegir
Antes que nada, la casa invita agua saborizada con media cáscara de limón. Genial.
En el sector de desayunos y brunch, decidimos seguir con un salmón toast ($ 20 mil): tostón de masa madre con salmón curado, palta, crema de queso, brotes, pepinillos agridulces, aceite de oliva y pimienta.

Es una preparación refinada, equilibrada y muy fresca. No hay excesos ni ingredientes que intenten sobresalir por encima del resto. Todo acompaño con elegancia al café doble de siempre, ese compañero inseparable de las recorridas cafeteras. Pero el verdadero problema aparece cuando uno levanta la vista nuevamente hacia la vitrina.
Ya sabemos que la medialuna es perfecta, por eso decidimos probar otra perlita: un croissant ($ 5 mil). La respuesta llega apenas se rompe la primera capa. Cruje con delicadeza y libera manteca entre sus alvéolos.
El sándwich
Otra opción puede ser un sándwich. Pedimos el ciabatta argento ($19.500): pan ciabatta, carne desmenuzada, salsa tártara, cherries asados, mozzarella, lechuga y huevo frito.
Acá sucede algo poco habitual. La delicadeza aterriza en un sándwich. El pan resulta sedoso pero firme, preparado para sostener un relleno abundante sin perder estructura. La carne desmechada explota de sabor, pero el verdadero diferencial aparece en los detalles.
La salsa tártara aporta una acidez medida al milímetro. El huevo, con clara firme y yema todavía cremosa, va humedeciendo cada bocado y logra que todo funcione como un conjunto. Ningún ingrediente busca robarse el protagonismo. Todos juegan para el equipo. No exagero: compite con un lomito tranquilamente.

Los papines que llegan como guarnición también hablan de esa filosofía. En lugar de recurrir a chips industriales o a papas congeladas que terminan tiesas como una estalactita, aparecen pequeñas papitas de sabor profundo que elevan la experiencia.
Baño y postre
Antes del cierre, la visita al baño confirma otra buena impresión. Está impecable, completo y ofrece todos los servicios necesarios, un aspecto que siempre suma puntos en cualquier restaurante. Incluso, cambiadores para bebés.
Volvemos a la mesa y aparece nuestra petit tarta de pistacho ($ 13 mil). Otra delicadeza de la realeza británica. Los sabores están perfectamente definidos, pero ninguno invade al otro. La frambuesa aporta frescura y una acidez colorada, mientras que la crema de pistacho termina llevándose la ovación.

Todo ocurre con sutileza, sin estridencias ni excesos de azúcares. Es uno de esos postres que uno guardaría en la caja fuerte del buen gusto para no volver a salir de ese estándar de calidad.
Conclusión
Cherry Season confirma que una cafetería de especialidad no puede vivir solamente del café. El desafío pasa por construir una experiencia completa, donde la atención, el ambiente, la panadería, la pastelería y hasta un sándwich tengan el mismo nivel de cuidado.
Esta propuesta encuentra una identidad propia a partir de una palabra que atraviesa toda la visita: delicadeza. En los sabores, en las texturas, en las presentaciones y hasta en la forma de atender.
Uno se va con una certeza poco habitual: la próxima visita ya empezó antes de levantarse de la mesa.
Cherry Season Cerro
Calificación: excelente,
Rafael Núñez 4401,
Teléfono (0351) 158-604040,
Abierto todos los días de 7 a 21.30,
Efectivo y tarjetas,

