Y... ¿dónde está el concejal?
Hay varias formas de medir la pobreza y la subocupación.
Hay varias formas de medir la pobreza y la subocupación. Por un lado, tenemos la frialdad estadística. El último informe de la Universidad Católica Argentina encontró que uno de cada 10 habitantes del país es un "pobre estructural". Inconcebible en un país alguna vez famoso por las vacas (proteínas) y el trigo (preciado bien exportable). Los "pobres estructurales" están relegados en lo cultural y laboral. No van a desaparecer sólo a fuerza de partidas presupuestarias, porque son consecuencia de generaciones con educación deficiente, sin trabajo u ocupación fija. Sin embargo, los despidos masivos de 1980/90 y el posterior asistencialismo no son las únicas causales. Paralelamente, venía aflorando un estilo de vida alternativo, nacido en EE.UU., que renegaba de la escolarización y los empleos tradicionales. Se conoció como hippismo . Le seguía diciendo así hasta que una adolescente me corrigió: "No son hippies … son artesanos" (sic).
Venta y reventa
Con el crecimiento de la marginalidad, la práctica artesanal se tornó difusa. Ya no son productos hechos con manos propias. Se revenden adornos de variada procedencia. En las plazas, incluso venden prendas de segunda mano.
En Alto Alberdi o Alta Córdoba, dos barrios preciados por sus paseos, los vecinos lamentan que ya no hay lugar para andar en bici o
skates
. Las veredas han sido ocupadas con mesas, tablones y percheros.
“Manteros” locales
Gracias a los controles, los puestos cerca del Cabildo quedaron casi erradicados. Pero proliferan “manteros” en Patio Olmos, Ituzaingó o la Vélez Sársfield.
Es cierto que la realidad tiene cara de hereje. Hay gente como Hugo, que fabrica payasos de gomaespuma y se avergüenza de “andar callejeando”. No le queda otra. “Qué quiere, doñita, cobro la mínima de jubilación (dos mil pesos)…”, confiesa.
En cambio, otros más bien están malacostumbrados, por la falta de inspectores o porque es fácil ponerse en víctima. De a poco, la peatonal de Caseros, frente a San Alberto, se ha visto copada por un “colectivo” de artesanos que apostrofan al intendente y funcionarios porque les impiden vivir de sus “productos culturales”. ¿Desde cuándo un cactus o una vincha ocupan esa categoría?
Imaginación cero
La pobreza es producto de la injusticia y, a la vez, genera desigualdad. Cerca de la Manzana Jesuítica, un “viverista” paga un canon por vender los mismos cactus. Es el que más despotrica contra los que “ocupan un espacio público, porque la Policía no los puede sacar”.
No tiene sentido echarle la culpa al Estado, porque el Estado somos todos. La parálisis mental y burocrática es preocupante. Nadie ve que un concejal ande por el centro o las seccionales para interiorizarse de los problemas. El vecino común no les conoce el nombre ni la cara. Jamás salen a suplir inspectores.
Pero tampoco hay un proyecto de estudiantes terciarios o secundarios que inyecten alguna solución al problema de la venta ambulante.

