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¡Vuelve a bordo, Giacomino!

Aún nadie puede explicar exactamente lo que sucedió, ni se sabe si el responsable fue el último capitán que comandaba el Costa Córdoba, alguno de los anteriores o todos juntos. Edgardo Litvinoff.

29 de enero de 2012 a las 12:01 a. m.
¡Vuelve a bordo, Giacomino!

Aún nadie puede explicar exactamente lo que sucedió, ni se sabe si el responsable fue el último capitán que comandaba el Costa Córdoba, alguno de los anteriores o todos juntos. Lo cierto es que los pasajeros comenzaron a notar que algo no andaba bien: al principio, parecía un desperfecto eléctrico, ya que no funcionaba ninguna de las luces que iluminaban los lugares por donde transitaba la gente. Por los altoparlantes, decían que era sólo un problema temporal, pero el tiempo pasaba y nada cambiaba.Luego, todos comenzaron a percibir que el piso sobre el que caminaban se movía. Con el movimiento, muchas partes se rompieron. Por los altoparlantes, afirmaban que se trataba de un viento pasajero. Pero el tiempo corría y nada mejoraba.Después, por efecto del mismo movimiento del barco, las cloacas comenzaron a rebalsar de sus depósitos y los pasajeros se vieron obligados –y acostumbrados– a circular entre esos líquidos.Para colmo, de a ratos dejaba de trabajar el personal de limpieza, que dudaba entre huir del barco o quedarse, pero con la condición de que le contaran la tarea del naufragio como horas extras.Aún no están claras las razones por las que el capitán del Costa Córdoba decidió acercarse tanto a la costa del territorio nacional, ya que, más que saludar a los que estaban de ese lado, no hubo ningún otro beneficio.Las consecuencias del hundimiento del Costa Córdoba son desesperantes: además de que el barco permanece encallado sin solución a la vista, hay más de 300 funcionarios desaparecidos tras su paso por la cabina de mando en los últimos años. Alternativas ¿Qué hacer ahora, se preguntan los especialistas, quienes se debaten entre reparar, desguazar o hundir? Reparar: es la opción más anhelada, pero la más costosa. Son incalculables los millones que hacen falta para poner en orden la estructura del barco y todo lo que contiene. De todos modos, muchos creen que es poco lo que se podría recuperar, ya que gran parte del interior está totalmente arruinada. Desguazar: varios ofrecen esta alternativa, que consiste en dividir el barco y vender las partes como chatarra. Sería terminar de una vez con todo, y encima con algunos pesos. Luego habría que empezar a construir de cero, si la intención es tener una estructura que flote. Hundir: lo plantean los más extremistas, que aseguran que lo mejor es tocar fondo de una vez, puesto que el barco es irrecuperable. Hace una década que se vienen probando las dos primeras opciones, sin mucha suerte.¡Vuelvan a bordo, carajo!