Votar pueden; el resto, veremos
Es extraño cómo, cuando se trata de los adolescentes, las medidas que los benefician avanzan siempre a un ritmo mucho más lento que las que favorezcan un interés específico de los adultos. Edgardo Litvinoff.
Es extraño cómo, cuando se trata de los adolescentes, las medidas que los benefician avanzan siempre a un ritmo mucho más lento que las que favorezcan un interés específico de los adultos. En este caso, se trata del proyecto que seguramente el oficialismo hará aprobar para que los chicos puedan votar a los 16 años. Es difícil creer que la motivación de fondo para impulsar este cambio obedezca a una preocupación genuina por los derechos de los jóvenes, aunque estos se lo merezcan.Es curioso cómo todas las fuerzas políticas, aun con algunas diferencias, acuerdan con esta iniciativa. Todos especulan sobre el eventual apoyo que podrían lograr de esa franja de un millón de votantes. Como si fuera sólo un cálculo.De aprobarse la ley, el derecho que se les otorgará será casi automático, aunque otros derechos más básicos se les sigan negando.Por ejemplo, casi la mitad de los que ingresan al sistema escolar argentino no logra terminar el secundario.Según cifras del Barómetro de la Deuda Social Argentina, no estudia el 17,4 por ciento de los adolescentes de 14 a 17 años que viven en el Gran Córdoba. Algo así como 39 mil jóvenes, aunque los datos oficiales indican que son 10 mil. Y unos 40 mil chicos repiten cada año la secundaria.La edad de inicio en el consumo de alcohol ya bajó a los 12 años, y toman cada vez más sin que sepamos qué hacer.Podrán votar, pero los seguirán deteniendo por "portación de rostro" si a la Policía se le ocurre.Son los que menos voz tienen a la hora de opinar sobre políticas de juventud. Es el Gobierno –no ellos– el que decide que La Cámpora debe entrar a las escuelas. El debate sobre la conveniencia vendrá después, ex post facto . Nadie se pregunta, por ejemplo, cómo puede influir esa irrupción partidaria –que hoy dispone de muchísimos recursos– en el genuino juego democrático de la política estudiantil. ¿Qué piensan de eso los centros de estudiantes elegidos libremente? ¿Alguien les preguntó?Seguramente a los chicos de 16 y 17 años les agradará la posibilidad de votar en elecciones generales. Y quizá sea provechoso para promover su participación y reforzar el sistema democrático. De todos modos, ellos igual podrían exigir que primero les pregunten. No hará falta: los más grandes ya están decididos.Quizá funcione, puede que sea una buena medida. Lástima que no se trate de eso, sino de adultos que pronostican, otra vez, qué es lo mejor para los chicos.

