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La vida no es tan bella

La película italiana encendió en su momento una polémica mundial sobre hasta dónde el humor puede jugar con el Holocausto. Edgardo Litvinoff.

22 de enero de 2012 a las 12:01 a. m.
La vida no es tan bella

"Oí de un horno a leña, pero nunca vi un horno a hombre. 'No me queda leña... ¡metan a este abogado!'", bromea en un momento Guido Orefice, el personaje que encarnó Roberto Benigni en La vida es bella (1997). Esta semana, el diario Página 12 publicó una historieta que transcurre en un campo de concentración. Hitler le pide al DJ David Guetto (en un juego de palabras entre David Guetta y los sectores en donde se encerraba a los judíos) que ponga buena música para relajar a los prisioneros y que salgan mejor los jabones (en alusión a lo que se producía con la grasa de los cuerpos de los prisioneros que morían en los hornos crematorios).La película italiana encendió en su momento una polémica mundial sobre hasta dónde el humor puede jugar con el Holocausto. La historieta del humorista Gustavo Sala provocó algo parecido esta semana en Argentina. Claro que las distancias son insalvables: en el primer caso, se trata de una obra maestra del cine que logró darle un giro novedoso al tratamiento de un tema tan doloroso, para mostrar que la risa también podía ser un instrumento de salvación en medio del infierno. Y lo hizo con acierto.El caso de la historieta de Página 12 , en cambio, es apenas una variación sobre el mal gusto. Sin embargo, más allá de que esta tira "cómica" carezca de cualquier vestigio humorístico, va más allá de si ofende a tal o a cual –siempre habrá ofendidos cuando el humor indaga en esos terrenos– sino, de nuevo, hasta dónde se puede hacer humor con los temas más dolorosos para una sociedad.La historieta de Página 12 no merece más comentarios –encarecería el debate semántico– pero al menos sirvió para plantear y escuchar posturas interesantes sobre el fondo de la cuestión. Tampoco tiene importancia indagar las intenciones o la actitud de su autor o la de ese diario, ya que lo único que se lograría es la siempre antipática impostura de llevar las cosas a un terreno personal o comunitario.¿Se puede hacer humor con todo? Casi siempre. ¿Se puede hacer bien? Sólo a veces. ¿Habrá gente ofendida? Siempre. ¿Habrán los aturdidos habituales que lo justifiquen diciendo que a la Iglesia Católica se la ofende todo el tiempo sin que nadie diga nada, como si se esto tratara de un tema religioso? Siempre. ¿Se puede obviar la discusión o dejar de advertir cuando eso sucede? Nunca.Un buen ejemplo que estiró los límites sin despertar controversias fue el libro La risa no se rinde (2010), una compilación de relatos en el que militantes detenidos durante la dictadura cuentan situaciones humorísticas que los ayudaron a generar un mecanismo de resistencia ante la tortura y el terror.¿Se puede hacer humor con todo? Como seguramente titularía la revista Barcelona , "Julio López no está desaparecido: lo tiene secuestrado un comando integrado por Clarín, el campo, Julio Cobos y Beatriz Sarlo, para no darle el gusto a este gobierno de recuperar al primer desaparecido de la democracia argentina".