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Los vecinos, con la angustia entre rejas

Don Aguirre, herrero avezado y continuador del oficio familiar, prefirió que su 
hijo fuera a la universidad. Rosa Bertino.

26 de noviembre de 2011 a las 12:01 a. m.
Rosa Bertino (Periodista)
Los vecinos, con la angustia entre rejas

"Mire, Matilde, yo ya dejé el taller … ahora estoy en algo más importante", se agrandó el herrero. La susodicha se moría por saber en qué andaba, y le costó sonsacarle la información. Don Aguirre, herrero avezado y continuador del oficio familiar, prefirió que su hijo fuera a la universidad. El chico estudió diseño industrial. Entre la experiencia del padre, muy ducho en seguridad domiciliaria, y los conocimientos técnicos del muchacho, surgió un dispositivo contra los "rompepuertas". Estas bandas asolan también el sureste de Córdoba. Por razones obvias, Aguirre e hijo no van a patentar el dispositivo, ni dicen en qué consiste. Por el momento, el dato se transmite boca a boca, tipo logia masónica o secreto merovingio. Con esto les alcanzó para duplicar lo que ganaban colocando rejas, trabajando la mitad. Más innovaciones. La Cuca non parla, ma se fica . Harta de que le choreen la cartera, encontró una forma de engañar a los rateros sueltos. Tampoco la podemos deschavar, porque al diario lo lee mucha gente. Así estamos; de esto conversamos, en la feria, la sala de espera, la parada del colectivo. La tribu se pasa información, intentando resguardarse. Se rodea de rejas, alarmas, perros, guardias. Dos tipos de delito hacen estragos en los barrios de clase media. Uno, el asalto, generalmente nocturno, perpetrado por bandas que vienen con "el dato". Dos, el arrebato o robo en pleno día, por cuenta de saludables muchachones que andan a la pesca. Los famosos "descuidistas". El vecino común es la víctima propiciatoria de estos últimos. De ahí su preocupación al enterarse que la figura del merodeo podría ser removida del Código de Faltas provincial. Nadie le dice con qué la piensan reemplazar. Al parecer, la Policía "inflaba" estadís­ticas haciendo detenciones al tuntún. Muy mal hecho. Pero no quita que el barrio tenga las suyas, relacionando presencias sugestivas con posteriores atracos. En cualquier momento, la Coca organiza una marcha. Por suerte, no hay impedimentos para hacer el ridículo.