Educación. UPD en Córdoba: la celebración que se volvió ritual y qué preocupa a familias y escuelas

Cotillón, música y el entusiasmo por empezar sexto año conviven con alcohol, trasnoche y, a veces, desbordes. Testimonios en Córdoba y el interior muestran distintas formas de organización y de control.

27 de febrero de 2026 a las 06:05 p. m.
UPD en Córdoba: la celebración que se volvió ritual y qué preocupa a familias y escuelas
UPD. El festejo del último primer día de clases, un hábito estudiantil que creció en los últimos años. Imagen ilustrativa.

Arrancan con cotillón fluorescente, remerones intervenidos y parlantes a todo volumen. Hay DJ en algunos casos; en otros, un compañero lleva la consola y arma la playlist de canciones.

Saltan, se abrazan, se pintan la cara y salen a la calle como si fuera una caravana: eso es el Último Primer Día (UPD), una celebración que se volvió casi ritual entre estudiantes que empiezan su sexto año.

La escena suele mezclar este entusiasmo y alegría genuinas por “el último año” con un costado un poco más complejo: alcohol durante toda la noche, trasnoche antes de ir a clases, peleas entre grupos y, en algunos casos, fiestas clandestinas que terminan en intervención policial o clausuras.

La expansión del UPD también obligó a las escuelas, a las familias y al Estado a correrse de la sorpresa: ya no es “una travesura más”, sino un fenómeno que se organiza por redes, se planifica con semanas de anticipación y deja a los adultos discutiendo qué límites poner y cómo acompañar sin soltar la mano.

A esto se le suma, este año, la posibilidad del paro docente del lunes: algunos pasan el festejo para que coincida con el inicio de clases y otros, como ya alquilaron salones y otros servicios, lo hacen igual el domingo a la noche.

Detrás del cotillón y las fotos virales, el UPD condensa algo legítimo: la necesidad de marcar un umbral. “Último primer día” suena a contradicción, pero para muchos adolescentes es exactamente eso: despedirse de la escuela antes de despedirse de la escuela.

El problema aparece cuando la forma de celebrar se apoya en el exceso como credencial de pertenencia.

Entre la fiesta y el límite: qué están viendo las escuelas

El presidente de la Junta Arquidiocesana de Educación Católica (Jaec), Nicolás Bacciaforte, contó a La Voz que varias instituciones están “alertas” porque los chicos se organizan por redes y “no se sabe si van a salirse con alguna nueva”.

En el día a día, el foco está puesto en lo básico: “controles que se hacen en el ingreso para evitar que chicos alcoholizados entran a la escuela”. Y cuando sucede, la respuesta suele ser la misma: “se llama a las familias para que lo vengan a retirar”.

En algunas localidades del interior, el UPD toma otra forma.

Bacciaforte mencionó el caso de una escuela donde el primer día se planificó una actividad compartida: “los alumnitos de primer año van a celebrar su primer primer día junto con los alumnos de sexto año su último primer día” y “van a estar ambas familias compartiendo ahí un momento” en un salón municipal. Es, en los hechos, un intento de “encauzar” la energía hacia algo más cuidado.

Familias, entre la resignación y el “no puedo mirar para otro lado”

Soledad Cabral, de la Asociación Civil de Familias por la Educación Córdoba, planteó que cuando el tema aparece en los grupos de padres, la primera pregunta suele ser qué postura tomará la escuela. “Hay muchas escuelas que han dicho: ‘no los vamos a dejar entrar si vienen borrachos’”, relató.

Pero lo más difícil –según señaló– es lo que ocurre antes del ingreso: “Por parte de las familias están aquellos que dicen ‘yo no tengo problemas porque mi hijo vaya’ y después tenés familias que dan por sentado como que es una noche más de salida de boliche y se desentienden del estado en el que van a ir a la escuela”.

En esa tensión, Cabral puso el foco en la “responsabilidad compartida” y en que los protocolos o recomendaciones, sin compromiso real, quedan a mitad de camino: “El Gobierno ha hecho protocolos, informes pero si no hay un verdadero compromiso también desde las familias, no queda más que en letra muerta”.

También contó que el UPD ya no queda “solo en sexto”: “El de 5to también participa en algunas escuelas. Si bien la fiesta es exclusiva de sexto pero los de quinto participan de la organización”. Y detalló cómo se arma: casas prestadas, salones, dinero para DJ, baños químicos, publicaciones en Instagram.

En Córdoba capital –agregó– el ruido y la ocupación del espacio público generan roces: “En zona norte, en una plaza en la que se juntan varios colegios muchas veces los vecinos denuncian que hay gritos y ruidos de trompetas”, citó.

Su pregunta, con respecto al consumo de alcohol que es la de muchos adultos, suena simple y enorme: “¿Cómo le decimos a los chicos hasta dónde se puede y hasta dónde no?”.

Para ella, la respuesta no es prohibir a ciegas: “El ‘te prohíbo ir’ es peor: te va a terminar mintiendo para ir”. Lo que intentan –dijo– es “hablar con los chicos” y sostener un diálogo que incluya límites concretos, especialmente sobre el alcohol.

Festejos del "último primer día de clases". Imagen iustrativa.
Festejos del "último primer día de clases". Imagen iustrativa. (La Voz)

Experiencias diferentes según la región

En San Marcos Sierras, Ariel es padre de una estudiante y contó que allí el UPD es más chico, pero ya se está instalando: “Va a ser la tercera vez que lo hacen”. En su caso, las familias acordaron alquilar un lugar y turnarse para acompañar: “Nos han pedido dos adultos responsables, para estar controlando por las dudas, para que no sea más que todo un desmadre”, contó.

Ariel subrayó algo más propio de los pueblos, donde el cuidado también tiene que ver con la convivencia comunitaria. “Acá, en un lugar chico, la preocupación es evitar problemas ni con la escuela, ni con vecinos, ni con nadie”, apuntó. Y agregó otro dato: la escuela organizó un “último desayuno” al que invitaron a las familias, un gesto que baja la ansiedad y ordena un poco el arranque.

Adolescentes con celulares. El modo de conexión. (La Voz)
Adolescentes con celulares. El modo de conexión. (La Voz) (La Voz)

“Queremos que sea solo de sexto”: la voz de una estudiante

Alina, estudiante del Ipem 45 de San Marcos Sierras (hija de Ariel), contó que su grupo empezó a planear el UPD desde diciembre y que lo retomaron en febrero.

"Venimos esperando este momento desde cuarto. Siempre dijimos que lo haríamos en la casa de uno de los chicos que tiene pileta y está cerca de la escuela. Pero ahora los padres dijeron que no porque éramos muchos asíque alquilamos el quincho de un complejo de cabañas que tiene pileta", contó Alina entusiasmada.

En las cabañas le pidieron que lleven un adulto responsable y los chicos designaron al hermano de un compañero, que tiene 25 años y va con su pareja.

Para ese día uno de los chicos se va a encargar de la música y llevan los "remerones" (un clásico de los UPD). En el curso de Alina, aún no saben si van a comprar una remera negra y la van a intervenir o si van usarán la del colegio de años anteriores para cortarla y adornarla a gusto.

Con el tema del acohol pusieron plata en un pozo común y algunos se encargaron de comprar lo que van a tomar. En cuanto a la cantidad, son solo 20 y decidieron restringir el festejo para los integrantes del curso: "Se discutió si otros podían ir y se decidió que no", relató.

En cuanto al diálogo en casa dijo que no le prohibieron ir pero le pidieron que no vaya alcoholizada la colegio. Y resumió el clima emocional con una frase que explica por qué esta celebración prende: “Estamos entusiasmados y sabemos que se termina la escuela; tenemos muchos sentimientos encontrados”.

Adolescencia: entre la eelebración y los límites. Ilustración La Voz.
Adolescencia: entre la eelebración y los límites. Ilustración La Voz. (Archivo)

La mirada de un especialista: por qué importa el alcohol (y por qué no alcanza con “controlarlo”)

El psicólogo Juan Carlos Godoy, investigador de la UNC y del Conicet, ubicó el UPD dentro de un escenario más amplio: “Es un fenómeno relativamente reciente y está naturalizado entre todos los actores que incluye el consumo de alcohol y por eso es un escenario complejo".

Para él, la clave es comprender la vulnerabilidad adolescente: “La adolescencia es una etapa crítica del desarrollo, con cambios en el cerebro asociados a patrones de búsqueda de experiencias y pertenencia, que aumentan el riesgo frente a consumos y conductas adictivas".

En un “mundo ideal” –planteó– el objetivo social debería ser “retrasar lo más que puedas la experiencia de consumo de alcohol o sustancias o el consumo de todo estímulo potencialemnte adictivo por ejemplo las apuestas online”.

Pero también fue realista: “Es un fenómeno multidimensional en el que participan o juegan familias, escuela, Estado, empresas de entretenimiento, redes sociales y regulaciones que a veces fallan"

“Cuando fallan las regulaciones ya partís de menos 10”, advirtió. En ese sentido remarcó que lo mejor es la prevención.

"En Córdoba tenemos un programa desde el Instituto de Investigaciones Psicologicas de UNC y Conicet junto al Gobierno provincial que se llama ¿Sabías qué?, dirigido a minimizar el consumo de alcohol en adolescentes", ejemplificó.

En ese programa, Godoy remarca que se trabaja con los chicos en relación a las normas sociales: "La mayoría de las personas (y más los adolescentes) se comporta en el entorno considerando lo que hace la mayoría", explicó.

Por eso como parte de la dinámica se les consulta a los chicos cuánto alcohol consumen. "Cuando ven que el resultado de la encuesta es que el resto consume menos de lo que ellos creían, se da una confrontación entre creencia y hecho objetivo y el resultado es en general que el consumo se ajusta y regula", dijo el especialista.

Godoy también cuestionó una idea muy extendida: habilitar el consumo en casa como “reducción de daños”.

Según explicó, “la evidencia señala que esto no reduce el consumo ni que los protege con todos los riesgos del consumo de alcohol”, que van desde decisiones impulsivas a “sexo sin protección” o trasladarse alcoholizado en el corto plazo y en el mediano y largo plazo con consecuencias que pueden afectar el desarrollo cognitivo y la capacidad para la toma de decisiones.

Su recomendación a las familias fue clara: “no naturalizar el fenómeno”, no resignarse a que “es lo que hay” y sostener mensajes consistentes.

Operativos y controles: el Estado, entre la prevención y la discusión de fondo

En la antesala del inicio de clases, Provincia y Municipalidad de Córdoba difundieron un comunicado en el que informan que coordinaron un “esquema integral de control” para el UPD, con participación del Ministerio de Educación, Seguridad, Policía, Guardia Urbana y áreas de fiscalización.

El secretario de Gobierno municipal, Rodrigo Fernández, lo sintetizó así: “Queremos que los jóvenes celebren, pero que lo hagan en condiciones seguras”.

El mismo comunicado señaló que se busca desalentar fiestas clandestinas y concentrar celebraciones en espacios habilitados, incluso con modalidad matiné “sin venta de alcohol”. Y repasó antecedentes de 2025: intervenciones en 19 puntos de la ciudad, 11 clausuras, seis convocatorias desactivadas y más de 3,000 menores que fueron evitados en lugares sin habilitación.

El director del Ente Municipal de Fiscalización y Control, Ezequiel Hormaeche, remarcó que “el eje es la prevención” y que cuando la celebración ocurre en espacios habilitados “reducimos riesgos y evitamos situaciones que pueden derivar en incidentes graves”.

Desde el Ministerio de Seguridad, el ministro Juan Pablo Quinteros sumó una frase que atraviesa el debate: el Estado puede estar “presente para controlar”, pero “la familia no puede delegar en el Estado ni en un patrullero la responsabilidad de la crianza”.