Edadismo laboral. Ganamos años de vida pero el mercado laboral argentino no se enteró
El 68% de las empresas no incorporó a ningún empleado mayor de 55 el año pasado, mientras la esperanza de vida sigue creciendo. Dos especialistas explican por qué el edadismo es la discriminación más naturalizada y qué hacer con los años que ganamos.
Argentina lidera el ranking regional de discriminación laboral por edad. La edad es el motivo principal de exclusión en el 55% de los casos, por encima del género que alcanza apenas el 20%, según el Estudio Diversidad en el Trabajo de Bumeran. Y sin embargo, casi nadie lo discute.
Esta paradoja tiene un nombre. El edadismo se instala en un momento en que la esperanza de vida no para de crecer. "La vida se estiró, pero las estructuras corporativas y culturales quedaron congeladas en el tiempo", dice Milagros Abud, coautora del libro La nueva longevidad, junto a Alicia Rozenblum.
El edadismo invisible
El Informe Generación Silver 2025, elaborado por Bumeran, Great Place to Work y Diagonal, reveló que el 68% de las organizaciones no incorporó a ninguna persona mayor de 55 años durante el último año. El 54% de los trabajadores de ese grupo etario fue rechazado en procesos de selección por su edad, aunque cumpliera con todos los requisitos.
La incoherencia es llamativa. Las mismas empresas que hablan de "escasez de talento" tienen algoritmos que descartan currículums a partir de los 45. "Es una incoherencia total", subrayan las autoras.
El fenómeno tiene distintas formas. Abud, licenciada en Psicología y especialista en Clínica de Adultos, distingue tres.
- El edadismo institucional, que opera en las malas prácticas de selección.
- El interpersonal, que aparece en el trato cotidiano.
- El autoinfligido, cuando uno mismo anticipa que ya no sirve.
La discriminación que ejercemos contra nuestro propio futuro

¿Por qué la edad sigue siendo criterio de descarte cuando el género o el origen étnico ya no lo son? Para Abud, la razón es que "no nos percibimos como parte de un colectivo hasta que el sistema nos lo hace notar. Nos cuesta defender hoy los derechos de la persona que vamos a ser mañana".
Rozenblum, licenciada en Ciencias de la Educación, psicopedagoga y coach ontológico, agrega una dimensión que pocas veces se señala: "El edadismo es la única discriminación que ejercemos contra nuestro propio futuro. Y potencia a otras: si hoy me discriminan por mi género o por alguna discapacidad, me discriminarán mucho más si además soy 'vieja'".
Una longevidad que no llega a todos por igual
Cerca de 690.000 jubilados siguen en el mercado laboral argentino según estimaciones del Indec, la mayoría en condiciones de informalidad y por necesidad económica.
Para las especialistas, la longevidad no es sólo un tema de ciencia o tecnología: es una cuestión de justicia.
Citan al médico gerontólogo Alexandre Kalache para advertir que, mientras la silver economy crece para quienes tienen recursos, "existe una deuda social e histórica con personas que envejecen sin acceso a la salud, con jubilaciones mínimas y sin la posibilidad de un empleo que les garantice una vejez digna".
Jubilarse del trabajo, no de la vida

¿Qué hace alguien que llega a los 60 con energía pero sin saber qué hacer con lo que le queda por delante? "El primer paso es comprender que nos podemos jubilar de un trabajo, no de la vida", dice Rozenblum. Quienes se retiran hoy tienen por delante entre 20 y 30 años de vida útil.
Para quienes aún no llegaron a esa instancia pero quieren reinventarse, Abud propone tres preguntas: ¿quién soy hoy?, ¿qué quiero hoy?, ¿qué puedo hoy?
"Reinventarse no significa empezar de cero ni tirar la trayectoria por la borda. Es capitalizar toda la experiencia acumulada y ponerla al servicio de una nueva etapa", agrega.
En La nueva longevidad, Abud y Rozenblum documentan casos concretos: una psicóloga que a los 65 empezó a trabajar en gastronomía y una persona que, acompañando a sus nueras en el proceso de lactancia, decidió estudiar para ser puericultora.



