Una vida intensa entre cortes y quebradas
Con casi 90 años, Pablo Yovino sigue cortando el pelo en Colón 350. Durante más de 40 años, además, fue un incansable violinista, director y autor.
Como el Glostora Tango Club (la mítica audición que se transmitía desde los estudios de Radio El Mundo, de Buenos Aires), Pablo Yovino está relacionado con el oficio de peluquero masculino y con la esencia arrabalera del género musical característico del Río de la Plata.
Aprendió a cortar el pelo en Malagueño, donde nació el 9 de marzo de 1928. Leonardo, su papá, le enseñó a rasurar pelambreras y emprolijar barbas cuando aún usaba pantalones cortos.
En ese pueblo serrano del departamento Santa María, también debutó como director de orquesta, en 1955. Fue con Los reyes del compás, en el Club Almirante Brown.
Espaldarazo
“La actuación en el ‘xeneize’ de Malagueño fue un suceso de público, a tal punto que cuando terminamos, nos contrataron para que tocáramos al otro día”, trae a la memoria mientras apura un café en el bar del fondo de la galería Cóndor.
En ese pasaje comercial de avenida Colón 350, con casi 90 años, se gana la vida con las tijeras, el peine y las navajas desde que puso violín en bolsa y se alejó para siempre de los escenarios.
En la entrada de ese desfiladero de locales apretados, en la década de los ’40 perfeccionó la técnica del más pequeño de los instrumentos de cuerdas clásicos en el Conservatorio Provincial de Música Félix Garzón.
“Lo tuve de compañero a Roberto Yanés, el famoso pianista y cantante de boleros que, en realidad, se llamaba Roberto Iannacone”, comenta y aclara.
Antes, en su terruño natal, había tomado clases con la profesora Mercedes Becerra, también directora del coro del pueblo.
En 1943, Lisandro Vega le pidió que lo acompañara en una actuación. Aceptó gustoso y con él empezó a descubrir el encantador mundo de los bailes populares.
El arranque
Yovino arrancó su carrera profesional en la orquesta de Juan Rodríguez, en 1950.
Luego tocó con Jorge Arduh, El cuarteto Leo, Los diablos rojos, Eduardo Cavigliazo, Carlos Heck, Héctor Ferreyra, Eduardo Baraballe, Santiago Iriarte y una decena de formaciones más.
A los 29 años, se animó a armar su propia orquesta: “Los reyes del compás”. Tenía un contrabajo, cuatro bandoneones, tres violines, un piano, tres cantores y un presentador.
“Durante 15 años, vivimos una época de gloria con los muchachos. Había semanas que animábamos hasta 20 bailes, ¡era una locura!”, evoca y sus ojos celestes se barnizan de nostalgias.
Los carnavales en Atenas, Redes Cordobesas, el Deportivo Central Córdoba, el Club Argüello y “los baños” del Rafael Núñez lo tuvieron como animador de multitudes danzantes, a fuerza de tangos, valses, pasodobles y foxtrot.
“Los reyes del compás fue la primera orquesta cordobesa en grabar un disco en Buenos Aires”, apunta con orgullo.
“Tomás Farrel, inspector viajante del sello Columbia de Argentina, nos escuchó y nos dio una mano grande para que hiciéramos nuestra primera placa”, completa.
Después del vinilo, el trabajo se multiplicó como el pan y empezaron las giras por todo el país y por los países vecinos.
“Durante cinco años seguidos, hicimos los carnavales en el club Sportivo Estrella, de San Juan; arrancábamos por Mendoza en enero y no parábamos más”, se entusiasma.
Hay un registro audiovisual en los archivos de Canal 12 de una actuación de Yovino en los estudios del Cerro de las Rosas, el 18 de abril de 1960, fecha de la primera transmisión de la emisora de televisión. No recuerda si fue en la fiesta inaugural de la empresa privada.
Las exigencias crecientes de los ensayos, la fatiga por los viajes, el trabajo en exceso y algunas desavenencias internas entre sus integrantes hicieron que la orquesta se separara, y que músicos y cantantes tomaran distintos rumbos.
Pablo Yovino armó el Quinteto Maracaibo y Pablín y su conjunto. Y en el letargo de su carrera formó el Cuarteto Hortensia, con el que hizo un aporte modesto al género popular característico de Córdoba.
La prohibición de los bailes en los clubes de barrio, tras el golpe militar de 1976, le aplicó un golpe de gracia a la carrera artística de Yovino, quien retomó el oficio de su padre y de su abuelo.
“Siento un poco de nostalgia por aquella época. A veces sueño que estoy con la orquesta tocando sobre un escenario y abajo la pista está llena de bailarines”, cierra la charla.
Bebe el último sorbo de café y vuelve a la peluquería.
Un autor prolífico
360 temas registrados. Pablo Yovino tiene más de tres centenares temas registrados en la Sociedad Argentina de Autores y Compositores. La mayoría de ellos han sido grabados y editados. Sin embargo, hace tiempo no recibe ni un peso en concepto de derechos de autor.

