Una nueva ilusión
En áreas críticas, como la de la niñez en conflicto con la ley penal, cada vez que cambia la jerarquía se abren nuevos caminos de ilusión para que los problemas presentes –que ya acarrean un buen pasado– se enmienden.
En áreas críticas, como la de la niñez en conflicto con la ley penal, cada vez que cambia la jerarquía se abren nuevos caminos de ilusión para que los problemas presentes –que ya acarrean un buen pasado– se enmienden. Esa ilusión es la sensación reinante entre legisladores, jueces y asesores de menores a partir de la designación de Gabriel Martín al frente de la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia (Senaf). Sin embargo, también existe una continuidad de lo antiguo que, al menos en cuanto al Complejo Esperanza, ha empeorado las precarias condiciones de vida de la juventud enrejada. Por ejemplo, el secretario saliente, Alberto Reinaldi, estuvo a cargo de la Subsecretaría de Niñez durante la anterior gestión de gobierno. A la vez, Senaf depende del Ministerio de Desarrollo Social y su titular, Daniel Passerini, estuvo antes de la designación de Martín y sigue ahora. No hay posibilidad de que las autoridades salientes y presentes no hayan conocido las graves críticas de diferentes sectores: un informe de Unicef de 2012, otro del Observatorio de Derechos Humanos de la Universidad Nacional de Córdoba, informes periódicos de jueces y de asesores, y hasta fotos elocuentes de dos visitas de legisladores son apenas algunos de los múltiples llamados de atención sobre la vida en el Complejo. Mientras algunas caras cambian y otras se mantienen, los adolescentes aún viven en condiciones no sólo de sobrepoblación sino también de desidia, sin mucho que hacer durante el día, a cargo de guardias –y no educadores– sin el primario completo. Las condiciones deben mejorar, porque esos jóvenes tienen derechos. Y si el cumplir con la ley no convence, también hay razones más "egoístas" –según se escuchó ayer en la Legislatura–, como la de la reincidencia.

