Una lengua prepositiva
“El español es una lengua prepositiva por excelencia y, tal vez por ello, hay tanta inseguridad en el uso de las preposiciones”, asegura la doctora en Letras Alicia Zorrilla.
La llegada de la civilización romana a los distintos territorios europeos llevaba aparejada la imposición de la lengua latina. Se establecía como idioma oficial y se empleaba para trámites administrativos, en las escuelas y en el servicio militar. Con el paso del tiempo y debido a la gran extensión del territorio, fue la literatura la que congeló las normas y usos del latín culto, mientras que las masas populares fueron dándole vida en las conversaciones al latín que luego se llamó vulgar. “Durante el Imperio, las divergencias se ahondaron en grado considerable: el latín culto se estacionó, mientras que el vulgar, con rápida evolución, proseguía el camino que había de llevar al nacimiento de las lenguas romances”, cuenta Rafael Lapesa, enHistoria de la lengua española.
Una modificación que alteró la estructura de las palabras fue la introducción de preposiciones. En latín, cada vocablo tiene en su terminación signos, llamados desinencias, que representan diferentes casos. Los casos marcan la función sintáctica de un término dentro de la oración, es decir, si es sujeto, objeto directo, objeto indirecto, complemento circunstancial. Con la incorporación de las preposiciones, se simplificaron las terminaciones de las palabras, al punto de limitar sus formas al singular y al plural.
En contrapartida, el español se complejizó en cuanto a su régimen preposicional. “El español es una lengua prepositiva por excelencia y, tal vez por ello, hay tanta inseguridad en el uso de las preposiciones”, asegura la doctora en Letras Alicia Zorrilla.
La función de las preposiciones es relacionar, conectar o enlazar una palabra con otra. Según Zorrilla, se pueden clasificar en dos grupos. Por un lado, se encuentran las “plenas”, aquellas que, además de vincular términos, aportan significado: ante, bajo, contra, desde, durante, entre hacia, hasta, mediante, para, sin sobre, tras. Por otro lado, están las “semiplenas”, que se comportan como marcas de enlace que necesitan de un contexto para adquirir un significado concreto: a, con, de, en por.
El uso de las preposiciones muchas veces depende del verbo, del sustantivo o del adjetivo que las rigen. Por ejemplo, siempre siguiendo a Zorrilla, los verbos que empiezan con la preposición “en” o su forma latina “in” suelen regir “en”: insistir en, entrar en.
Valga esta regla para señalarle un errorcito al magistral Julio Cortázar cuando, en Historias de cronopios y de famas, dice: “Casi todo lo que decidimos hacer está inspirado –digamos francamente, copiado– de modelos célebres”. En este caso, el régimen preposicional del verbo inspirar exige “en”.
Así queda en evidencia que los errores en el uso de las preposiciones son muy frecuentes en un idioma como el español, en el que prácticamente no hay normas generales para su empleo.

