Una confusión que no se descongela
¿Ahora no pagamos nada? Cuando debamos pagar, ¿cuánto será? ¿Qué tipo de gas deberíamos recibir? ¿Qué hago, qué hago?
¿Cuánto tiempo más tendremos al usuario atento a las noticias para entender lo que está pasando con el gas? Nadie puede saberlo. Cada semana aparecen nuevas aristas de un tema que no debiera ocupar a los medios más que para recordarle a la gente cuándo vence la factura. Ojalá fuera así. Pero no. La historia de los subsidios, de las tarifas, de la judicialización y de los vaivenes de las empresas distribuidoras nos tiene más en vilo que una novela turca o brasileña.Algunas de esas explicaciones se pueden encontrar en la edición de hoy, en las páginas 4 y 5 de Primer Plano, y en la 11 de Política.¿Ahora no pagamos nada? Cuando debamos pagar, ¿cuánto será? ¿Qué tipo de gas deberíamos recibir en nuestras hornallas? ¿Qué hago, qué hago?Por ahora, no es mucho lo que se puede clarificar. Estamos todos en stand by , a la espera de que se resuelva algo definitivo y de que ese algo no signifique tener que hipotecar el auto para pagar la boleta.Como de costumbre, nuestra argentinidad carece de medias tintas: pasamos de pagar 65 pesos cada dos meses a pagar dos mil. Después se achicó ese límite un poco. Después se achicó a nada. Nada de gradualismos, nada de racionalidad.La mayoría parecía coincidir al principio con el argumento de que no podíamos pagar el gas con las tarifas anteriores. Era irrisorio. No había sistema energético que aguantara. En especial en Buenos Aires.Tampoco se esperaba tamaño saltito en los valores del metro cúbico del gas. Es cierto que, como veníamos hasta ahora, no había mucho margen para exigirles a las empresas concesionarias.Pero si las tarifas alcanzan un valor cercano al real, deberíamos acostumbrarnos a recibir información –como la de la calidad del gas que nos llega– que hoy no está a nuestro alcance. Tal como se explica en la página 4 . ¿Lo lograremos?

