Un rebelde
Alguien a quien no le gusta el mundo en el que vive y por eso resuelve inventarse uno. Es altamente probable que ese inconformismo haya urdido la trama de su vida de intelectual anárquico. Jorge Cuadrado.
Vargas Llosa es un rebelde. Todo escritor lo es. Alguien a quien no le gusta el mundo en el que vive y por eso resuelve inventarse uno. Es altamente probable que ese inconformismo haya urdido la trama de su vida de intelectual anárquico.
Su desilusión con la Revolución Cubana, a la que había adscripto con el fervor de toda la generación del “boom”, lo empujó a los brazos del liberalismo. La hostilidad de sus ex compañeros de ruta modeló muchas de sus lisonjas hacia las causas nobles e innobles esgrimidas por los Estados Unidos.
Es lógico, entonces, que Vargas Llosa sea un espécimen políticamente incorrecto para la intelectualidad latinoamericana. Pero el peso de las acusaciones es inmoderado, cuando no injusto. Porque su rebeldía de origen lo ubicó en la trinchera del combate contra cualquier signo de tiranía u opresión que detectara, combate que libró desde su novelística (Conversación en la Catedral, La guerra del fin del mundo, La fiesta del Chivo), su ensayística (Desafíos a la libertad, Sables y utopías), y por supuesto desde la política (fue el primero en denunciar el régimen de terror impuesto en el Perú por el lugarteniente de Fujimori, Vladimiro Montesinos).
De todas maneras, es la fuerza de su literatura la que expresa cabalmente su inconformismo radical. La multiplicidad de voces narrativas, las decenas de personajes memorables que aparecen en sus novelas sin que ninguno de sus rasgos se confunda con uno ajeno, le han servido para delinear las “mil vidas distintas” que hubiese deseado vivir y para ganarse su lugar en el Parnaso hispanohablante, lugar que por fin le reconoció la Academia sueca.
Pese a lo que dicta la Cátedra respecto de que el mejor Vargas Llosa es el primero (Conversación en la Catedral, La casa verde, La ciudad y los perros), mi gusto personal se inclina por el segundo (La tía Julia y el escribidor es una extraordinaria sátira autobiográfica que se mofa de su propio casamiento con una tía 10 años mayor que él), y sobre todo por el último. La fiesta del chivo es una obra estupenda. De principio a fin. La “novela total” que resume la vitalidad de un observador sutil e insobornable de las miserias de los sistemas humanos.

