Un puente para la universidad privada
Las universidades privadas tienen expectativas de que sus docentes investigadores puedan ser categorizados.
Entre los aciertos que se le adjudican a la política científico-tecnológica del Gobierno nacional es haberles tendido un pequeño puente a las universidades privadas en el campo de la investigación. Siempre ha sido una de las quejas de las casas de estudios privadas su exclusión del concurso de fondos públicos para hacer ciencia. Hay que reconocer que este lamento pone en evidencia culpas ajenas, pero esconde también las propias.La definición de universidad está dada, básicamente, por la capacidad de estos centros educativos de generar conocimiento. Y la investigación es uno de los modos de cumplir ese objetivo.Históricamente, la investigación ha sido una materia pendiente en las universidades privadas, sobre todo porque requiere una importante inversión presupuestaria, que involucra la radicación de profesores-investigadores, una especie difícil de conseguir para estas instituciones.Quienes hoy elogian esta "apertura" del Ministerio de Ciencia y Tecnología (Mincyt) son, obviamente, referentes de universidades privadas. Ellos aseguran que Lino Barañao, titular del Mincyt, ha tenido que caminar con suma cautela en este asunto para no pisar los callos del Conicet y de las universidades públicas, receptoras exclusivas de los subsidios para investigación. Un anuncio... Por ahora, la inclusión de las universidades privadas es a cuentagotas, a través de programas de investigación en los que pueden participar con sus investigadores.
Pero el principal dato es lo que los rectores de las casas de estudios privadas escucharon de boca de Martín Gill, secretario de Políticas Universitarias de la Nación. El flamante diputado nacional por Córdoba les confió que existe una posibilidad concreta de que las universidades privadas puedan categorizar a sus investigadores.
Este sería el primer paso para luego concursar por subsidios públicos para investigación.
El argumento es que no alcanza con la cantidad de doctores e investigadores de las universidades públicas para acompañar el desarrollo del país.
Claro que las universidades privadas dedicadas sólo a la formación profesional deberían plantearse dar el paso siguiente que las ubique en aquella definición de universidad.

