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El último deseo del Dios de la paciencia

“Es que ha muerto el Dios de la paciencia, y ha pedido que sus cenizas sean esparcidas sobre esta bendita tierra”. Jorge Londero.

18 de octubre de 2011 a las 12:01 a. m.
El último deseo del Dios de la paciencia

"Hay viento y hay cenizas en el viento". A la frase bien puede haberla dicho en estos días un meteorólogo, un locutor de turno que lee el estado del tiempo en la radio o un jubilado que comenta a su compañero del banco de la plaza, quien ya casi no ve, el extraño día desdibujado por los restos del suspiro de un volcán ubicado en el sur chileno. Pero esa frase es, también, el segundo verso del famoso Poema conjetural , de Jorge Luis Borges. "Que haya cenizas, yo no sé, posiblemente incendiaron algo. Pero no importa, creo que la imaginación del lector acepta esas inverosímiles cenizas, ¿no?", le diría Borges, muchos años después de escribir ese poema, al periodista y escritor Osvaldo Ferrari, en uno de los dos diálogos publicados.Si los oyentes de la radio le creen al locutor de turno cuando dice que hay cenizas en el viento, si el jubilado que ya casi no ve le cree a su compañero, ¿por qué no habrían de creerle los lectores a Borges? ¿Por qué no serían verosímiles las cenizas del Poema conjetural ?"Hay viento y hay cenizas en el viento", dice el segundo verso de la obra en la que Borges imagina el último día de Francisco Laprida, el 22 de septiembre de 1829. Además del humo de las batallas que abundaban en aquellos años sangrientos, las cenizas también podrían haber sido de algún caprichoso volcán. Pero así como el genial escritor califica de inverosímiles las cenizas de su verso, nosotros no podemos entender cómo es que un volcán tan lejano, que comenzó su actividad hace varios meses, puede afectar tanto a nuestro paisaje cotidiano hasta convertirlo en una postal gris, carente de horizonte, tan molesta que, como la sequía, queremos que termine lo más pronto posible.A eso hay que sumarle los engorrosos trastornos que genera la falta de vuelos, las esperas en los aeropuertos, los compromisos cancelados, el malestar y los insultos de los que se las agarran con inocentes personas con irresponsables modos de vida que en nada han influenciado para que se produzca y se mantenga la erupción de un volcán.En ese cuadro, el pobre empleado de una aerolínea, tras soportar los insultos de un grupo de pasajeros liderados por una señora que hasta amagó con pegarle un carterazo, ofrece su verosímil versión de lo que pasa: "Es que ha muerto el Dios de la paciencia, y ha pedido que sus cenizas sean esparcidas sobre esta bendita tierra".La señora y los rebeldes ceden entonces y se van a contemplar ese paisaje de leyenda sobre el que flotan los restos de un Dios.