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De turista a chef de sabores mejicanos

Juan Montalvo es mejicano y llegó a Córdoba hace seis años, como turista. Se enamoró tanto de la ciudad, que nunca más volvió a su país.

21 de febrero de 2012 a las 12:01 a. m.
De turista a chef de sabores mejicanos
En familia. Con su hijo, Ítalo, en su restaurante de Alta Córdoba (Sergio Cejas/LaVoz).

Juan Montalvo es mejicano y llegó a Córdoba hace seis años, como turista. Se enamoró tanto de la ciudad, que nunca más volvió a su país. Tampoco tiene la intención: “Siento que este es mi lugar en el mundo, mi casa. México es mi segundo hogar”, afirma convencido.

Con la ciudad lo une el más fuerte de los lazos: Ítalo, su pequeño hijo, que como dice el papá, es “cordobés y cuartetero”. El resto de la familia quedó en Campeche, México: madre, hermanos, amigos. “Podría volver sólo de vacaciones, porque la verdad es que soy muy feliz acá y éste es el lugar que elegí para vivir”, dice.

En su país, Juan trabajaba en una plataforma petrolera, aunque su pasión siempre fue la cocina. “Dejé mi empleo en México para viajar por acá, me tomé un año sabático. Veía las propuestas de comida mejicana que había en Córdoba y sentía que podía aportar. Además, me estaba quedando sin dinero”, cuenta Juan, hoy dueño de La Casa del Tatich, un restaurante típico en Alta Córdoba.

Este mejicano comenzó ofreciendo servicios de catering y, “a fuerza de suerte y perseverancia” hizo crecer su negocio. Eso sí: en el camino hubo piedras. “El hecho de ser inmigrante hace que todo te cueste el doble. Hay puertas que se cierran y gente que te desmoraliza. Pero eso no me hizo pensar mal de todo el mundo”, asegura.

De Córdoba le gustan las mujeres, el frío y la buena onda de la gente. De los habitantes de la ciudad, dice que son “personas excepcionales y con mucha buena onda”.

“Mi idea es poder seguir creciendo como persona y con mi negocio aquí. Amo lo que hago, soy muy feliz siendo en mi propio restaurante en algunos momentos jefe y en otros, lavaplatos”, señala.

Juan dice que nunca se sintió discriminado en la ciudad por ser extranjero, pero sí vio cómo maltrataban a personas de otros países. Y se puso mal porque sintió que a él también le “quedaba el saco”. Igual, quiere ser argentino y está haciendo los trámites para nacionalizarse.

A este mejicano le sobran las palabras de elogio para la tierra que lo adoptó: “Estoy tan agradecido con el país, y con Córdoba en particular, que si tuviera que pagar con mi vida, creo que no me alcanzaría”.

Las mujeres y el fríoAmores. Ama Córdoba, en especial a sus mujeres. Y el frío.

Dificultades. Por ser inmigrante, dice que todo cuesta el doble.