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Superar falencias en la asistencia y la prevención

Las drogas se convierten en el objeto de una relación cuando esta llega a hacerse adictiva.

04 de junio de 2012 a las 12:51 a. m.
Raúl Ángel Gómez, Director del Programa de Drogodependencias y Adicciones Facultad de Psicología, UNC.
Superar falencias en la asistencia y la prevención

El abuso de drogas y las drogodependencias implica la presencia en algunos sujetos de ciertas características, atributos individuales o factores de riesgo psicosociales que facilitan la transición de un consumo esporádico o irregular, a un consumo abusivo y compulsivo (ver Drogas: acuerdo para despenalizar el consumo).

La generalización del consumo problemático ha generado distintos intentos de respuesta de profesionales de la salud, de la educación, instituciones, gobierno y de la comunidad. No siempre estas respuestas poseen fundamento teórico, probablemente porque surgen como reacciones urgentes y poco reflexivas ante el incremento del consumo de drogas. A la luz de los desarrollos científicos actuales podemos decir que "la droga", en sí, no existe: es el sujeto quien convierte ciertas sustancias en drogas, al establecer con ellas un tipo de relación y ciertos patrones de uso. Las drogas se convierten en el objeto de una relación cuando esta llega a hacerse adictiva. La existencia de las drogas no es la causa de su consumo problemático. Sin embargo, en nuestro país la legislación vigente constituye a las drogas en objeto de una ley penal y confiere al usuario el doble estatuto de enfermo y delincuente.La inminente reforma de la ley, despenalizando la tenencia de drogas para uso personal, ha puesto en el centro un debate que muchas veces no se asienta en presupuestos científicos-racionales. Las posiciones antagónicas parten de una demonización de las sustancias, por un lado, o bien de una excesiva simplificación unidimensional de la problemática adictiva, por el otro. La legislación vigente (diseñada en 1989 bajo lineamientos de la DEA Norteamericana) es cuestionada por profesionales de la salud por múltiples razones (sanitarias, jurídicas, éticas). La pregunta es cuánto y cómo la despenalización mejora o no el abordaje sanitario de un problema que afecta la salud de miles de jóvenes. En este sentido, penalizar o no la tenencia para uso personal puede ser secundaria, con relación a superar las falencias que se observan (sobre todo en nuestra provincia) en la asistencia y prevención de las drogodependencias. Desde la insuficiencia de recursos materiales y humanos, hasta la sistemática ausencia de planes y programas centralizados y articulados con participación, efectiva, de la comunidad en su diseño y ejecución. Políticas y programas que no pueden ser ajenas o independientes de una gestión estatal orientada a la inclusión social y la redistribución de la riqueza.