Temas del día:

Somos todos sospechosos

El miedo y la desesperación no pueden ser nuestros asesores en materia de seguridad. Tampoco las sospechas indiscriminadas sobre jardineros, albañiles o personal de seguridad. Juan Carlos Carranza.

02 de enero de 2012 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Somos todos sospechosos

En noviembre pasado, una mujer fue víctima de un arrebato callejero en plena siesta en la avenida Don Bosco, frente al Colegio San Buenaventura, en la ciudad de Córdoba. Dos muchachos en motocicleta, y al acecho, esperaron que la víctima descendiera del colectivo. Uno de los jóvenes bajó de la moto y persiguió a la mujer unos pocos metros. Ella, instintivamente, se aferró a su cartera, forcejeó y cayó al suelo. El delincuente, para lograr su cometido, le propinó patadas en la cara y le dejó un ojo negro.Fueron instantes de angustia y estupor. En la cartera, no había mucho, porque muchas mujeres han optado por no llevar cosas de valor, precisamente a causa de los arrebatos en la vía pública. Igual, le llevaron las llaves de la casa, un celular recién comprado, los carnés de conducir y de la obra social y unos pocos pesos. A cambio, le dejaron el ánimo por el piso, que se prolongó durante varios días y terminó extendiéndose a toda su familia.Desde ese día, cada vez que se cruza con dos jóvenes en motocicleta la mujer tiembla, porque cree estar viendo a quienes la asaltaron sin piedad. Pero no, la mayoría son muchachos comunes.Todos somos carne de la inseguridad. Todos aspiramos a vivir tranquilos en nuestros barrios y en la desesperación y el miedo que nos invade después de ser víctimas de algún episodio delictivo, buscamos soluciones drásticas.Es difícil la vida después de un hecho de inseguridad traumático. Algunos piensan en armarse, pero ya le pasó a un vecino de la zona sur de la ciudad de Córdoba, que hirió a un policía confundiéndolo con un ladrón. El efectivo sobrevivió, pero se han registrado muchas confusiones con consecuencias fatales.El miedo y la desesperación no pueden ser nuestros asesores en materia de seguridad. Tampoco las sospechas indiscriminadas sobre jardineros, albañiles o personal de seguridad parecen ser una solución. Más bien se asemeja a un estigma en el que todos podríamos ser los sospechosos.