Salud mental. No es sólo ansiedad: qué hay detrás del hábito mental que agota a cada vez más personas

La preocupación excesiva ya afecta a un porcentaje creciente de la población y puede manifestarse como insomnio, tensión muscular, miedo anticipatorio y cansancio crónico. El psicólogo Daniel Bogiaizian explica por qué ocurre y qué estrategias ayudan a regular la mente.

31 de marzo de 2026 a las 11:37 a. m.
No es sólo ansiedad: qué hay detrás del hábito mental que agota a cada vez más personas
La tendencia a imaginar consecuencias negativas, analizar cada decisión y repasar posibles escenarios puede convertirse en un ciclo difícil de romper.

Vivimos en tiempos de incertidumbre acelerada. Desde lo económico hasta lo social, todo parece moverse rápido, sin pausa. Y en ese contexto, cada vez más personas describen una sensación en común, preocuparse de más.

La preocupación es una actividad que suele tener un sentido estratégico, es decir, prevenir un problema o pretender garantizar un resultado favorable. Pero algunas personas confunden pensar con hacer, entonces creen que si procesan un mismo contenido una y otra vez van a controlar el resultado a través de la mente.

Lo cierto es que no hay preocupación sin tensión y pensar cosas negativas, o evaluar amenazas de manera permanente, tiene un costo alto y genera agotamiento.

Daniel Bogiaizian lo ve todos los días en consulta. Doctor en Psicología, presidente honorario de la Asociación Argentina de Trastornos de Ansiedad (AATA) y referente clínico en América Latina, se dedica desde hace décadas a estudiar la preocupación excesiva.

En su reciente libro Preocuparse de más. Por qué tu cabeza no se detiene y cómo apagar el ruido mental (VR Editoras), aborda justamente ese fenómeno que atraviesa a tantas personas. Consultado por La Voz, recapitula qué sucede cuando pensar deja de ayudar y empieza a desgastar.

Qué significa realmente pensar de más

La tendencia a imaginar consecuencias negativas, analizar cada decisión y repasar posibles escenarios puede convertirse en un ciclo difícil de romper.
La tendencia a imaginar consecuencias negativas, analizar cada decisión y repasar posibles escenarios puede convertirse en un ciclo difícil de romper. (Freepik)

Para Bogiaizian, la preocupación, en su origen, tiene sentido. Busca anticipar problemas y protegernos. Pero hay un punto donde ese mecanismo se distorsiona. Y ese esfuerzo no es gratuito.

El gran interrogante es, entonces, cómo detectar que ya no estamos reflexionando, sino atrapados en un círculo mental.

"Los pensamientos negativos reiterativos se encadenan pasando de una escena a otra a mucha velocidad", describe. Y da un ejemplo claro: una mujer que teme que su marido tenga un accidente un día de lluvia puede saltar mentalmente, en segundos, desde la escena de un choque hasta imaginarse viviendo en la miseria. Todo en un intento (fallido) de encontrar soluciones.

Detener ese proceso implica recuperar el presente. "Atraparse a uno mismo en el medio del proceso y compararse con el aquí y ahora y los datos objetivos de la situación puede generar un mejor ajuste y oportunidad para salir de ese círculo mental negativo", agrega el especialista.

Pensar mucho, ¿es inteligencia o un problema?

La tendencia a imaginar consecuencias negativas, analizar cada decisión y repasar posibles escenarios puede convertirse en un ciclo difícil de romper.
La tendencia a imaginar consecuencias negativas, analizar cada decisión y repasar posibles escenarios puede convertirse en un ciclo difícil de romper. (Freepik)

Para muchas personas, preocuparse es sinónimo de responsabilidad. Pero ese prestigio cultural tiene un costo.

La preocupación persistente tiene un efecto tóxico y consecuencias emocionales (vivir con miedo), conductuales (evitar situaciones o involucrarse en chequeos compulsivos) y físicas".

Bogiaizian explica que el Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) cursa con preocupación excesiva sobre temas cotidianos, como trabajo, economía, salud, lo que hace que quienes lo padecen tarden en identificar que necesitan ayuda.

El rol del estrés, la incertidumbre y las redes sociales

En la actualidad, el estrés, la incertidumbre económica y la presión que generan las redes sociales alimentan la tendencia a sobrepensar, porque muchas personas buscan reaseguro intentando controlar mentalmente aquello que no pueden prever.

Según Bogiaizian, la vertiginosidad de la tecnología, las metas perfeccionistas, como tener más seguidores o likes, y la necesidad de garantizarse certezas en un mundo cada vez más impredecible empujan a que la mente repita escenarios en un intento fallido de reducir el malestar.

Pero frente a esa sobrecarga, el error más habitual es intentar suprimir por decreto los pensamientos que preocupan. "Exigirse dejar de pensar en algo implica tener justamente ese algo en mente, lo que termina evocando, paradójicamente, aquello mismo que se quiere evitar", subraya.

Herramientas simples para salir del exceso de pensamiento

La tendencia a imaginar consecuencias negativas, analizar cada decisión y repasar posibles escenarios puede convertirse en un ciclo difícil de romper.
La tendencia a imaginar consecuencias negativas, analizar cada decisión y repasar posibles escenarios puede convertirse en un ciclo difícil de romper. (Freepik)

No se trata de dejar la mente en blanco, sino de intervenir la dinámica mental, aclara el psicólogo. Entre las estrategias que recomienda:

  • Tener un espíritu crítico sobre lo que la mente produce. No todo lo que pensamos tiene valor.
  • Refocalizar la atención en algo que tenga sentido para uno.
  • Focalizarnos en algo que nos interese genuinamente hasta que la mente se involucre con eso.
  • Los ejercicios de respiración y relajación muscular son muy simples y efectivos.

Pero antes de cualquier estrategia, Bogiaizian remarca que hay algo fundamental: "Ser conscientes que la cabeza no para nunca ya es un primer paso importante".

Una vez identificado el patrón, comienza el trabajo: "Arrancar con una definición correcta de la preocupación para luego analizar si merece o no que me involucre con ese tema, o debo dejarlo para algún otro momento".

Aprender a posponer o incluso abandonar una preocupación, dice, es un recurso contraintuitivo, pero esencial.

Para tener en cuenta

  • Pensar no siempre ayuda, a veces estanca.
  • La preocupación crónica tiene consecuencias físicas, emocionales y conductuales.
  • Tomar consciencia del círculo mental es el primer paso para cambiarlo.
  • La regulación emocional requiere acción, no sólo análisis.