Sobran profetas, falta imaginación
Todos propician paros con cese de actividades, no importa si perjudican al usuario, al contribuyente o al alumno. Rosa Bertino.
Aunque no dure más allá de Semana Santa, el entusiasmo papal sigue avivado por especulaciones y anécdotas. Francisco tiene un carisma totalmente distinto al de sus predecesores, mucho más "humano", lo cual fascina al común de la gente. Algunos presagian que la Iglesia Católica dará un "giro franciscano", tras dos mil largos años de prebendas y secrecías. Suena un tanto exagerado. Visto por fuera, parece más fácil que cambie la Iglesia que quienes van o no van a la iglesia. Volviendo al anecdotario, el favorito refiere la poca importancia que le asigna el nuevo pontífice al esclerosado protocolo vaticano. "Hola, habla el Papa", le dijo al telefonista de una casa de retiros, en Roma. "… Y aquí contesta Napoleón", se mofó el buen hombre. "Con la diferencia de que yo realmente soy el Papa…", le aclaró, entre carcajadas, el excardenal Bergoglio. A este paso, los chistes de Francisco ("Pancho 1º", para los locales) desplazarán a los del Negro Álvarez. Estatismo. En definitiva, ¿qué es lo que impacta tanto del nuevo pontificado? ¿Los gestos, los gastados zapatos negros, ese italiano medio cocoliche que habla Bergoglio? No. Lo que entusiasma es la comprobación de que un cambio es posible. Aun donde menos se lo esperaba. Pero no hay transformación posible sin la audacia necesaria para encontrar soluciones distintas. Donde más se nota es en el campo social. Gracias al cine que se ve en cineclubes, atisbamos algo de la realidad mundial (incluye a nuestro país). El agujero de la imaginación luce peor que el de ozono. La película The Minister (L'exercice de l'État, 2011), producida por los Hermanos Dardenne, aborda la crisis ferroviaria en Francia. Los ferrocarriles galos pierden unos tres mil millones de euros por año. Urge privatizar; sobreviene conflicto laboral. En ningún momento se ve un sindicalista participando de las febriles discusiones o aportando nuevas estrategias. Aparecen de refilón, encabezando huelgas salvajes, con quema de gomas y agresiones a funcionarios. Y perjudicando a los usuarios, claro está. Quieren que los ferrocarriles sigan siendo del Estado. ¿Qué Estado? ¿El que pierde tres mil millones de euros por año? ¿No habría que idear algo para parar la gangrena? Pasado perpetuo. Otra cosa que queda clara, y no solamente en dicha película, es que las actuales dirigencias y buena parte de sus dirigidos siguen anclados en el pasado. En el filme, los ministros de área sólo atinan a citar a Churchill, De Gaulle, Mao y otros estadistas muertos hace 40 o más años. Lo malo es que los opositores y supuestos "progresistas" tampoco tienen referentes ni consignas actuales. Esto se nota en las modalidades de acción. Acá mismo, aunque se pretenda hablar de "Gordos" y "no Gordos", no hay mayor diferencia entre un dirigente de camioneros, municipales o docentes: todos propician paros. No importa que perjudiquen al usuario, al contribuyente o al alumno, sobre todo a los de menos recursos. El deterioro de la educación y la asistencia pública nunca será culpa suya, sino "del gobierno", cualquiera sea. Poco cambio vamos a conseguir, si tiene que empezar siempre por el otro.

