El salario mínimo vital y móvil (SMVM) rige en nuestro país como instituto con carácter constitucional desde 1964, cuando el Congreso Nacional aprobó la ley 16.459, durante la presidencia de Arturo Illia.
Según la normativa original, con la definición de este piso salarial se buscaba “asegurar un ingreso mínimo adecuado” para la población y “mejorar los ingresos de los trabajadores más pobres”.
Desde entonces, “representa la menor remuneración que puede percibir en efectivo un trabajador sin cargas de familia, en su jornada legal de trabajo”.
Lamentablemente, seis décadas después el SMVM está lejos de ser la garantía de ingreso laboral que los legisladores de aquel entonces pusieron como premisa.
De acuerdo con la última actualización del Consejo Nacional del Salario (CNS), en junio de este año el SMVM llegó a $ 367.800 mensuales, con un valor por hora irrisorio de $ 1.839 para los trabajadores jornalizados.
De más está decir que ninguna familia puede vivir hoy dignamente con ese nivel de ingresos. Ni siquiera puede alimentarse.
De hecho, en mayo pasado el costo de la canasta básica alimentaria (CBA) para un hogar tipo de cuatro integrantes llegó a $ 681.246, casi el doble que el SMVM, mientras que la canasta básica total (CBT) trepó a $ 1.498.741, equivalente a cuatro salarios mínimos.
Si bien este salario siempre fue una referencia de base, en los últimos dos años y medio cayó a mínimos históricos. Según un estudio del Centro de Estudios de Historia Económica Argentina y Latinoamericana (Ceheal), entre noviembre de 2023 y abril de 2026 acumuló una baja del 39,3%.
El mismo informe destaca que el monto actual equivale apenas a un tercio del máximo alcanzado en septiembre de 2011.
En la comparación regional, el SMVM argentino también ranquea por el piso: se ubica en el puesto 17 de 19 países latinoamericanos. En la cima de esa tabla está Costa Rica, con un salario mínimo de U$S 750, seguida por Uruguay, con unos U$S 648, y Chile, con U$S 597.
Casi en el fondo de esa lista, y únicamente por delante de Venezuela y Cuba, el salario mínimo en Argentina equivale hoy a U$S 252, un tercio del costarricense; menos de la mitad que el uruguayo.
Ni en Argentina ni en el resto del mundo el salario mínimo expresa los ingresos medios de la población. En rigor, en todos lados actúa como una suerte de barrera protectora para los trabajadores contra el pago de remuneraciones indebidamente bajas, en especial de aquellos que están en la informalidad.
De todos modos, el hecho de que en nuestro país ese piso sea tan bajo, tanto en términos absolutos como relativos, revela la crisis de ingresos que sufren millones de argentinos. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), casi 30% de los hogares argentinos (sobre)viven hoy con menos de $ 1 millón al mes.
Ello es lo que explica en buena medida que el consumo se mantenga planchado desde hace ya más de un año y que el nivel de endeudamiento de las familias sea el más elevado de los últimos 25 años.
Con ingresos tan bajos, aun en un contexto inflacionario relativamente estable, millones de familias siguen penando para llegar a fin de mes, y muchas son pobres pese a tener trabajo.
Así las cosas, el salario mínimo vital y móvil es hoy más mínimo y menos vital que nunca.

