Contaminación sonora. El ruido constante ya es un problema de salud pública: cuál es la ciudad más bulliciosa de Argentina
Especialistas y la industria de la construcción alertan sobre los niveles acústicos que superan hasta en 25 decibeles los límites legales permitidos. El próximo 29 de abril se conmemora el Día Internacional de Concienciación sobre el Ruido.
Buenos Aires encabeza el ranking de las ciudades más ruidosas de América Latina, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). No es un dato menor. En las principales autopistas porteñas, como la 25 de Mayo o Perito Moreno, los niveles de ruido superan regularmente los 80 decibeles, el equivalente al ruido continuo de una aspiradora industrial.
La Ley 1540 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, sancionada en 2004, establece un límite de 55 decibeles durante el día y 40 por la noche. La diferencia entre la norma y la realidad es, en muchos casos, de más de 25 decibeles.
Córdoba, en tanto, es una ciudad contaminada sonoramente. Bocinas, sirenas, taladros, ladridos, alarmas, caños de escape, bares, colectivos, ruidos de la construcción, entre otros, son los responsables y principales fuentes de contaminación acústica.
Según un mapeo construido con denuncias radicadas por vecinos donde se van visibilizando mediciones georreferenciadas del ruido, el centro, el microcentro y zonas aledañas, la zona noroeste (cercana a la avenida Rafael Núñez) y las zonas fabriles del sur de la ciudad son las más afectadas.

Cuándo el ruido daña la salud
Según la OMS, el sonido se vuelve perjudicial para la salud humana a partir de los 75 decibeles. Por encima de ese umbral, los efectos no se limitan a la irritabilidad o la dificultad para dormir.
La exposición prolongada genera cortisol y adrenalina de manera crónica, con consecuencias sobre el sistema cardiovascular, la presión arterial y la calidad del sueño.
Los estudios también muestran que el ruido constante dificulta la comprensión lectora y reduce el rendimiento académico en niños.
Según datos citados por la Asociación Argentina del PVC (AAPVC), el 45% de las mascotas urbanas padece algún tipo de fobia a los ruidos fuertes.
La arquitectura como primera respuesta
Mientras las políticas públicas avanzan con asfaltos fonoabsorbentes y pantallas acústicas, el diseño de interiores enfrenta el problema desde adentro. Y ahí los materiales de construcción tienen un rol central que en los últimos años fue revisado por completo.
La madera tradicional tiende a deformarse con los cambios climáticos, generando fisuras por donde se filtra el ruido exterior. Los metales, por su parte, conducen vibraciones y las trasladan directamente hacia el interior de los hogares.
En las ciudades más bulliciosas, donde el ruido es prácticamente inevitable, existen estrategias concretas que los residentes pueden implementar, señaló Miguel García, director de la AAPVC. "La solución más efectiva sigue siendo la renovación integral de cerramientos, pero hay intervenciones más accesibles que pueden marcar una diferencia significativa", agregó.
Una epidemia invisible

A diferencia de la contaminación visual o del smog, el ruido no deja rastro evidente en el entorno. Pero sus efectos sobre la salud de los argentinos son cuantificables y acumulativos.
El 29 de abril, Día Internacional de Concienciación sobre el Ruido, es una oportunidad para visibilizar una crisis que afecta a muchas urbes.




