Riesgos mal calculados
El decano de la Facultadde Ciencias Exactas, Roberto Terzariol, da su versión sobre el impacto que produjeron las lluvias en las Sierras Chicas durante los últimos días.
En una fórmula matemática, el riesgo es igual a la amenaza multiplicada por la vulnerabilidad: R= A x V. "A" es la amenaza por un evento natural, como un huracán, un tornado, un terremoto o una lluvia. "V" es la vulnerabilidad o cuán afectables son las cosas que se construyen respecto de la amenaza.El decano de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de Córdoba, Roberto Terzariol, explicó cómo se relaciona esta fórmula con lo ocurrido en las Sierras Chicas y cuáles fueron sus consecuencias. "Por ejemplo, puede caer una lluvia de mil milímetros en el Sahara o en el medio del océano y el riesgo es cero. Es decir: vulnerabilidad cero y amenaza ciento por ciento. Por otro lado, en Brasil las viviendas son vulnerables a sismos. Pero la probabilidad de que haya un terremoto allí es casi cero. Por lo tanto, también en ese caso el riesgo es cero", detalló el decano, que es ingeniero civil y especialista en Geotecnia. "En el medio, están nuestras realidades. Hay zonas con ciertos grados de amenaza y ciertos grados de vulnerabilidad. La amenaza, en el caso de lo que pasó en las Sierras, es la lluvia. Puede decirse que fue una de las lluvias más catastróficas posibles, pero eso no es totalmente cierto", añadió Terzariol.En ese sentido, sostuvo que esas aguas van a terminar en muchos casos a los lagos, pero en ningún caso la crecida pasó por encima de los diques sino por los vertederos. "Eso quiere decir que los vertederos están diseñados para una lluvia más importante, por lo que todavía podría llover más en las Sierras Chicas", indicó. Minimizar riesgos Siguiendo fórmulas ya estudiadas, se puede predecir la magnitud y recurrencia de las lluvias. "Haciendo curvas estadísticas, se puede predecir que, para un lapso de mil años, la lluvia más grande que se producirá será de mil milímetros, en 500 años menos, y así sucesivamente", detalló Terzariol. Así, cuando se hace un dique se toma un tiempo de recurrencia de mil años, y para un puente, 100 años. "Pero hay que aclarar que la lluvia de un período de mil años puede ser mañana; no es que haya que esperar mil años a partir de mañana. Entonces, sería deseable predecir cuándo va a ocurrir", añadió.En ese sentido, recordó que la UNC, como parte del Sistema Nacional de Radares Meteorológicos, instaló un radar que va a permitir ver con suficiente antelación un frente de tormenta, con su densidad de lluvia y su velocidad. "Pero su uso óptimo no es inmediato, porque hay que calibrarlo con las lluvias, en qué condiciones se dan y compararlo con valores de campo medidos mediante pluviómetros. Entonces, la próxima vez, con las mismas condiciones, se podrá predecir cuánto lloverá. Para eso se necesita una red de pluviómetros", afirmó el decano. Sierras Chicas Por otra parte, el factor de vulnerabilidad puede dividirse en tres partes, en gran medida producto de lo que hace el hombre: el manejo de las cuencas, dónde se permite construir y qué obras se van a hacer. La cuenca es el área de aporte a un curso de agua, que básicamente funciona como un gran embudo. Las urbanizaciones impermeabilizaron en parte la superficie, hubo talas y se tuvieron que abrir calles. Eso aumentó la velocidad de las escorrentías y provoca que los cursos de agua crezcan rápidamente. Ante esta situación, Terzariol dijo que las soluciones disponibles son lagunas de retardo para frenar las escorrentías, además de manejar la cuenta controlando y regulando las urbanizaciones, los desmontes y las excavaciones. "Hay otro factor importante. Si hubo un período seco y llueven 200 milímetros, probablemente no pase nada porque gran parte se infiltra. Si hubo un mes con lluvias pequeñas pero constantes que provocaron saturación, cuando llueven 200 milímetros, así como cayó corre. Eso es más difícil de manejar", aclaró Terzariol. "Aparece una situación de hecho: hay viviendas que están en lo que puede ser el cauce o paleocauce del río, o en zona inundable. Lo que habría que hacer con las construcciones precarias o temporales es trasladarlas. Y las consolidadas, protegerlas, encauzando los cursos de agua, haciendo muros de contención, diques más pequeños aguas arriba para contener el agua; hacer azudes".Terzariol opinó que hay que proteger lo consolidado, no lo precario, determinando las líneas de ribera. "Hay que tener en cuenta que además puede haber vecinos desaprensivos, que tiran basura y desechos de podas, talas, etcétera, en los cauces de los ríos o en los desagües, y eso flota y tapa los puentes. En algunos puentes, el agua no pasó por debajo de ellos porque los desechos funcionaron como un dique, donde el agua se desbordó y pasó por encima afectando los terraplenes del puente y las viviendas vecinas", remarcó. Finalmente, existen obras que pueden generar problemas, como puentes con menor longitud que la necesaria para evacuar crecidas o terraplenes que invaden el cauce de los ríos. "En algunos casos, la concentración del flujo resultante erosionó el terraplén y en otros arrasó el terreno vecino, lo que afectó a viviendas de las costas".

