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Reunión de padres, sin padres

¿Por qué a las reuniones de padres van casi exclusivamente madres? Pareciera que el nexo entre los chicos y la escuela sigue siendo la madre, como indica una tradición de décadas.

09 de marzo de 2014 a las 02:38 p. m.
Reunión de padres, sin padres

¿Por qué las reuniones a las que convoca la escuela se llaman “reuniones de padres”, si casi siempre las únicas que van son las madres?

Es cierto que ese “padres” se refiere al sustantivo colectivo que abarca a ambas partes y no al sustantivo común que habla sólo de los tutores de sexo masculino. No importa. Dichos encuentros tranquilamente podrían llamarse “reuniones de madres”... y nadie se molestaría.

Intuyo que no se ofenderían los dos o tres papás que van siempre y que nadan en un mar de mujeres que quieren saber muchas cosas que, por lo general, a ellos no les interesan o no se animan a preguntar.

¿Por qué será que dichos encuentros son casi exclusivamente de madres? ¿Todos los padres trabajan a la mañana y las madres no? No es lo que indican las estadísticas.

A simple vista, sin que existan estudios al respecto, parece decantarse que el nexo entre los chicos y la escuela sigue siendo la madre, como indica la tradición de décadas.

Es extraño que, a pesar del avance que las mujeres lograron en otras áreas –aunque siga siendo insuficiente–, el ámbito escolar continúa casi exclusivamente ligado al sector femenino. A pesar, también, de que la igualdad de derechos y obligaciones es un concepto ya establecido en otros ámbitos de la vida cotidiana.

Además, los pocos padres que solemos ir a esas reuniones nos sentimos un poco desubicados. Quizá igual que como se sentiría una mujer al acudir a una reunión en la que sólo hay hombres.

Pocas nos saludan, nos sentamos detrás de todo, solos, aguantando el tono del director y las docentes –que hablan bastante parecido a como se dirigen a sus pequeños alumnos en el aula–, y lo hacemos con un estoicismo digno de Zenón de Citio.

La cantidad de información –lo que se dice información útil– para rescatar del encuentro inicial del año no es una cosa de locos. Digamos que no viene por toneladas. Ni por kilo. En especial cuando debemos transmitir lo sucedido a las madres.

Ellas se enojan de que resumamos el encuentro en 30 segundos. ¿Cuánto más se necesita? Qué libros, qué fechas, qué líneas generales para este año, y listo.

Uno se olvida de los detalles. ¿Cómo saber quién estaba y quién no? ¿Cómo recordar todos los verbos que acompañaban a esos 20 objetivos tan generales que podrían servir para cualquier grado, en cualquier escuela?

Si se cumple uno solo de esos, nuestros hijos estarán entre los ciudadanos más preparados, inteligentes, sociables y maravillosos que existan en el planeta.

Igual, no pedimos tanto.