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Réquiem para “Chespirito”

“El Chavo” es un personaje entrañable, sin mayores intenciones “ideológicas” que las de trazar una estrategia verbal que le permita obtener un bocado de “torta de jamón” para calmar su hambre crónica.

06 de diciembre de 2014 a las 12:01 a. m.
Réquiem para “Chespirito”

Honorables son los que dejan huella, aquellos que han sido capaces de ponerle sus propios matices a una cultura. Roberto Gómez Bolaños, con creces, ha logrado ser uno de ellos. Y, como valor extra, este comediante supo multiplicar ese legado a muchas comunidades del planeta, para poner también su marca a miles de kilómetros de su México natal.

Contra los que se suben a esa especie de moda “progre” de criticar a los muertos o a los que son elegidos Papa, entre otras envidiosas formas de ser o pensar, es indiscutible que el señor “Chespirito” supo honrar su existencia al dejarnos inmortales personajes plagados de modismos, frases, dichos y hasta enseñanzas de vida.

He descubierto esta semana increíbles sentencias contra la memoria de este creativo singular. “El Chavo es de derecha”, señala el título de una nota que circula por Facebook con la misma desfachatez con la que se anuncian falsas muertes de famosos en esa red social.

Desde la nostalgia generada en la ciudad capital de una provincia mediterránea –ese mismo sentimiento que da nombre a esta columna–, me permito contestar a esa infamia y a todas las que hicieron circular desde la mezquindad en la que suelen abundar los mediocres.

“El Chavo” es un personaje entrañable, sin mayores intenciones “ideológicas” que las de trazar una estrategia verbal que le permita obtener un bocado de “torta de jamón” para calmar su hambre crónica.

Tanto ese tan querido niño como todos los demás personajes de Gómez Bolaños quedan eximidos de toda mancha ideológica, aun cuando supieron despertar empatía por los huérfanos, los pobres, los de­socupados y hasta los poco agraciados de inteligencia, una tarea bien política, por cierto, pero despojada de intenciones de poder.

Utópicos

Los personajes de “Chespirito” no eran inocentes. Tenían intencionales mensajes, pero un análisis de cada uno de ellos despeja toda duda y nos llevan a una certeza: con errores y aciertos, perseguían la utopía de un mundo mejor.

Por eso, es injusto levantar contra este genio creativo la sospecha fácil de que tenía relaciones con gobiernos corruptos, regímenes dictatoriales o poderes no legitimados. En todo caso, el inmenso valor de su obra estuvo por encima de aquellas bajezas que tuvimos que soportar en el continente americano, casualmente durante las décadas más activas en la producción del mejicano que falleció la semana pasada.

Por encima de esa polémica, y tras superar tiempos y surcar en forma transversal a varias generaciones, la presencia del legado de Gómez Bolaños en Latinoamérica es cotidiana. Las frases de sus personajes se usan a diario para lograr entendimiento y hasta entablar sanas complicidades.

Córdoba no es ajena a eso. Abuelos, padres, hijos y nietos se entienden con frases como “Es que no me tienen paciencia”, “Se me chispoteó” o “Y ahora, ¿quién podrá defendernos?”. En la capital provincial, al menos en los lugares donde viví y la gente con la que me tocó compartir, nadie conocía lo que era una piñata hasta la llegada del “Chavo”. Fue de las celebraciones en esa “bonita vecindad” de dónde se extrajo esa costumbre que se hizo tan común en los cumpleaños infantiles cordobeses, hasta reemplazar en muchos casos a las tradicionales “sorpresitas”.

Esos son sólo algunos ejemplos de lo que “Chespirito” nos dejó en nuestras culturas; apenas una muestra de conducta colectiva que implica, desde lo individual, la presencia de gratos sentimientos que se atesoran en el alma y que convierten a esos personajes de ficción en parte de esa inexplicable energía que nos mantiene vivos y, a veces, también nos regala gotitas de felicidad.