Oficios que se van. "Tito" fue cartero casi medio siglo, se jubiló y el pueblo se quedó sin Correo

La historia del servicio del Correo Argentino en Villa del Dique (Calamuchita) se repite en muchas pequeñas localidades. Una crónica de ajustes, cambios de época y de hábitos.

14 de abril de 2026 a las 06:23 p. m.
"Tito" fue cartero casi medio siglo, se jubiló y el pueblo se quedó sin Correo
Julio “Tito” Ramírez, trabajo 45 años en el correo de Villa del Dique. Al poco tiempo que se jubiló, cerró el Correo en el pueblo.

Julio Ernesto “Tito” Ramírez (66) observa, con tristeza, el abandono en el que está sumido lo que era, hasta hace menos de un año, la oficina del Correo Argentino, en Villa del Dique. Ya ni el cartel se ve, tapado por la maleza que crece sin control.

Las telarañas avanzan sin fronteras. Las persianas, cerradas. Pegado en la puerta quedó el cartel, ya desteñido, con el horario que ya nadie consulta. El viejo buzón, azul furioso, como testigo del paso del tiempo, sigue ahí.

Fueron cambiaron los formatos y los servicios por la irrupción tecnológica y los nuevos hábitos. Las cartas desaparecieron. Pero el correo siempre fue un espacio utilizado por la población de este pueblo serrano, que hoy suma unos cinco mil habitantes.

En su plan de ajuste, el Gobierno nacional decidió cerrar más de 900 sucursales de la estatal Correo Argentino. Y en ese recorte cayó la oficina de Villa del Dique, que funcionaba desde hacía más de 60 años.

“Tito” fue cartero, realizó atención al público y fue jefe. En el pueblo, siempre será “el cartero” que entregaba los sobres en su bici azul y oro, sin disimular su pasión boquense. Luego se subió a una moto para igual tarea. Pero el hombre se jubiló, y junto a su esposa también empleada, fueron los últimos.

Cuando pusieron llave para siempre, sin reemplazar al personal que se retiraba, dejaron su interior intacto: mobiliario, computadoras, y hasta algo de dinero en su caja y algunas cartas simples sin repartir. Hace casi un año está vacío.

Al lado, completa el cuadro una construcción inconclusa y abandonada hace décadas, que alguna vieja vez fue planeada como nueva oficina del Correo.

La vida en carta

"Tito" pasó allí mucho más de la mitad de su vida: ingresó con apenas 20 años como “eventual”, enseguida fue ratificado y en su trayectoria, realizó todas las tareas posibles del oficio.

Recuerda sus recorridos por el pueblo en bicicleta, entregando cartas, cuando la comunidad epistolar era frecuente. “Un día me atacaron seis perros, tuve que ir arrastrando la bici a buscar un palo para defenderme, en barrio Los Turcos”, recuerda entre risas y frente del edificio que fue casi su segunda casa.

O cuando una tormenta lo sorprendía pedaleando, y sólo pensaba en preservar de la lluvia la bolsa con las cartas. O las veces que se pinchaba la bici y mientras trataba de arreglarla veía de reojo un perro que se acercaba con intenciones de hacer pis a la cartera que había quedado apoyada en el piso. Siempre había un perro en torno a la vida cotidiana del cartero del pueblo.

Gestó amistades y vínculos que aún se sostienen con la gente que conoció en su camino. Acumula cientos de recuerdos en su memoria.

Julio “Tito” Ramírez, trabajo 45 años en el correo de Villa del Dique. Al poco tiempo que se jubiló, cerró el Correo en el pueblo.
Julio “Tito” Ramírez, trabajo 45 años en el correo de Villa del Dique. Al poco tiempo que se jubiló, cerró el Correo en el pueblo. (La Voz)

En otra etapa, fue designado jefe de la oficina, pero ya casi sin personal seguía haciendo el reparto. “Cerraba a las 14 y a las 15 salía a repartir hasta que volvía a abrir a la tarde”, recuerda sobre su rutina, hasta que luego nombraron otro cartero.

Fue testigo de muchas transformaciones. Observó los últimos momentos del telégrafo, cuyos códigos manejaba el jefe de ese momento, y de la irrupción de la era electrónica y digital. Las cartas se fueron. Los telegramas nunca se detuvieron, aunque cambiara el soporte.

“Pasé por todas las funciones”, desliza. “Acá dejé todo”, apunta y nadie lo duda. Ingresó con menos de 20 y se fue con una familia numerosa que construyó con su compañera de vida y coequiper, Clelia, con hijas y nietos.

Tiempo de recorte

Admite que, con el escenario que instaló el nuevo Gobierno más los cambios tecnológicos, se imaginaba que el Correo podía cerrar.

Tras su jubilación en septiembre de 2024, la oficina quedó a cargo de Clelia, su esposa, también empleada, hasta que el primer día de julio de 2025 también a ella le llegó la jubilación.

Cuando aún existía el Correo en el pueblo. Julio “Tito” Ramírez, trabajó 45 años en el Correo de Villa del Dique. Al poco tiempo que se jubiló, cerró.
Cuando aún existía el Correo en el pueblo. Julio “Tito” Ramírez, trabajó 45 años en el Correo de Villa del Dique. Al poco tiempo que se jubiló, cerró. (Gentileza)

No había vuelta atrás, el cierre se gestó ya sin personal y sin propósito de reemplazarlos.

Hoy confiesa que siguen visitando el lugar. Y se lamentan al ver cómo empieza a filtrarse la humedad y a avanzar los deterioros. Siguen cuidando, como pueden, ese espacio, que es patrimonio de la gente. Y ruegan que no termine usurpado.

“Tito” ocupa su tiempo, ya jubilado, como pintor de casas. No es raro verlo, con el rodillo en la mano y la ropa que usaba en el Correo. Fue su segunda piel por mucho tiempo, de la que cuesta desprenderse.

Un paliativo para paquetes

Por gestiones del intendente Emiliano Torres, lograron abrir en noviembre en el pueblo un “Punto Correo”, una oficina que solo funciona para envíos y recepción y reparto de paquetes. Eso, por el comercio por Internet, si funciona. Pero ni siquiera le permitieron al municipio reutilizar los muebles o computadoras que siguen en el edificio anterior, inutilizándose.

Para otros trámites del Correo. la población debe trasladarse a localidades vecinas, como Villa Rumipal o Embalse.