¿Quién quiere ganarse la lotería?
La consultora D’Alessio Irol se tomó el trabajo de hacer una investigación vinculada a este tema y publicó la semana pasada los resultados: el 90 por ciento de los argentinos seguiría trabajando, aunque se ganase la lotería.
¿Quién no ha fantaseado alguna vez con lo que haría con los millones de pesos ganados en el Quini Seis o en el Loto? La consultora D'Alessio Irol se tomó el trabajo de hacer una investigación vinculada a este tema y publicó la semana pasada los resultados: el 90 por ciento de los argentinos seguiría trabajando, aunque se ganase la lotería.La estadística produce cierta incredulidad, pues siempre está presente en el imaginario popular la idea de dejar de trabajar en caso de ser acreedores de un suculento premio.Pero la consultora ofreció sus argumentos. De acuerdo con las respuestas obtenidas, "los argentinos se encuentran satisfechos con su trabajo, y esto se debe a motivos que exceden lo económico. El sentimiento de las tareas bien cumplidas, el saberse valorados y los buenos compañeros son las grandes motivaciones", resume D'Alessio.Así, de cada 10 consultados, seis trabajan de lo que les gusta y tres aprendieron a querer las tareas que les tocaron en suerte.El informe fue realizado, entre el 21 y 28 de abril, sobre la base de encuestas on line efectuadas a 589 hombres y mujeres mayores de 18 años que trabajan en la actualidad. ¡Sí, cómo no! Hay un protocolo no escrito para cualquier ganador de lotería: jubilarse, viajar, comprarse una casa mejor, y tratar de seguir viviendo una vida tranquila. "Existen numerosos dichos sobre la incompatibilidad entre dinero y felicidad. Denme varios millones y verán lo feliz que soy", polemiza Cacho Yerom, el asesor estable de esta columna.No obstante, hace algunos años la revista Time publicó las desafortunadas historias de 13 hombres y mujeres que ganaron la lotería y sus vidas empeoraron. Una reseña de cada uno fue publicada en el blog 20minutos.es. Vamos a citar dos casos.Uno de ellos lo protagonizó Vivian Nicholson, una ciudadana británica, quien ganó unos 171 mil euros en 1961 (dos millones en la actualidad), pero el dinero se le esfumó rápidamente de las manos y terminó sus días viviendo con una pensión inferior a los 100 euros.Antes, enviudó y se casó cinco veces, sufrió un derrame cerebral, tuvo que desintoxicarse por alcohol, intentó suicidarse e ingresó en un psiquiátrico.Otro caso: Willie Hurt. Antes de ganar tres millones de dólares en la lotería en 1989, vivía en Michigan (Estados Unidos), estaba felizmente casado y tenía una vida social activa. Dos años después se había gastado todo el dinero en su divorcio y en cocaína, y fue acusado de asesinato. Verificación "Es cierto que hay que estar preparado para ganar unos cuantos millones; sé que te cambian la vida y que hay riesgo de perder la tranquilidad, pero acepto el desafío", agrega Yerom. Pero sugiere verificar que realmente hayamos ganado la lotería antes que luego nos tengamos que lamentar por festejos y actos desmesurados.Existen muchas historias –algunas tal vez tienen la categoría de mitos– sobre personas que, creyendo haber ganado la lotería, cometieron actos irreparables. Como el relato que publicó Córdoba C Ve en 2001, de un albañil que ganó el Quini 6 por unas horas.Este trabajador de la construcción cordobés tenía la costumbre de jugar los mismos números al Quini 6, hasta que un día le pidió a su mujer que lo hiciera. El problema fue que ella decidió cambiar los números por los de las edades de sus hijos.La cuestión es que en ese sorteo salieron los números que siempre jugaba el albañil. Cuando se enteró de que había un solo ganador del Quini en Córdoba con 14 millones de pesos, estalló en alegría y abandonó su trabajo en medio de gestos de escasa moralidad para con su jefe.Recién en la agencia descubrió los "cambios" de sus números. El diccionario de epítetos no le alcanzó para describir a su mujer. Y en su trabajo, tuvo que decir que lo afectó una crisis familiar para que volvieran a admitirlo.

