¿Quién es el peor de todos?
La pelea es pareja: todos esgrimen argumentos para mostrar que dejaron a la ciudad más hundida que sus contrincantes.
El concurso comenzó en la ciudad de Córdoba, hace 15 años. Se llama “¿Quién quiere ser el peor intendente?”, y los cuatro participantes se desviven por mostrarse ganadores.
La pelea es pareja: todos esgrimen argumentos para mostrar que dejaron a la ciudad más hundida que sus contrincantes.
–Cuando yo me fui, para que te pusieran un foco de alumbrado público había que esperar varias semanas –dijo el primero.
–Eso no es nada –afirmó el segundo–, ¡yo hice que hubiera que esperar meses!
–¡Ja! ¡Novatos! En mi gestión, directamente dejaron de reemplazar los focos para no crear falsas expectativas –explicó el tercero.
–Nenes de pecho –espetó el cuarto–; yo hice que los vecinos tuvieran que pagar la lámpara por su cuenta.
–Bueno, pero nadie dejó tantos empleados como yo: nombré tres mil, ¡incluido mi equipo de fútbol! –dijo el segundo.
–Bueno, yo voy por un tercio, pero todavía tengo tiempo –aventuró el cuarto.
–Ustedes se pelean por eso, pero yo aumenté los sueldos más que nadie, hasta destinarles 70 por ciento del presupuesto –se cruzaron todos al mismo tiempo.
–Sí, pero yo les mantuve horas extras, refrigerio y bonificaciones –dijeron el primero, el segundo, el tercero y el cuarto.
–No me hagan reír –intervino el tercero–; yo dejé a los cordobeses días enteros a pata, sin transporte urbano.
–Nimiedades. Yo legué un juicio con las empresas de transporte que costará casi 100 millones de pesos –se animó el segundo.
–Son yuyos –menospreció el primero–; con el juicio que le dejo yo al municipio, con Tecsa, se podrían perder 500 millones.
–Yo no dejaré grandes juicios –gritó el tercero, desde su banca–, pero bien que les heredo una deuda de casi 850 millones entre municipio, Tamse y Crese.
–¡Eh! –se enojó el primero–, ¡yo soy liberal y fundé la Tamse estatal!
–Sí –dijo el segundo–, pero yo le puse el doble de empleados...
–Paren la mano, que yo fundé Crese, que dobló la cantidad de empleados y acumuló deuda por 200 millones –volvió a gritar el tercero.
–Principiantes. Yo las privaticé a las dos, ¡y les sigo pagando salarios improductivos! –guapeó el cuarto.
–Eso es pura cháchara. ¿Quién fue el que dejó la ciudad a merced de los naranjitas, eh? –desafió el primero.
–¡Yo! –dijo el segundo.
–¡Yo! –dijo el tercero.
–¡Yo! –dijo el cuarto.
Ahí se armó la batahola. Todos se empezaron a gritar y a endilgar para sí mismos las responsabilidades por mayor cantidad de baches, más manejo irregular de pagos a proveedores, más punteros y parientes sumados a planta permanente, más días de inactividad de las oficinas municipales y más calles inundadas al menor milimetraje caído.
Eso sí: todos agradecieron al Suoem (Sindicato Unión Obreros y Empleados Municipales) por ser el principal aliado para sumar puntaje.
La competencia continúa: está muy peleada, no hay un claro ganador, y cualquiera puede adelantarse a cualquiera.

