Los que eligen ser pareja, pero separados
Suelen rondar los 40 años y poseen un vínculo estable y duradero. Casi todos ya estuvieron casados y muchos tienen hijos. Eligen compartir la vida, pero sin el desgaste de la convivencia. Se ven, al menos, dos noches por semana y cada uno maneja su economía.
Algunos sostienen que se parece mucho al vínculo afectivo ideal, con muchas de las ventajas y casi ninguna de las desventajas. Otros, en cambio, que es producto del individualismo de las épocas posmodernas y que, por lo tanto, implica un menor grado de compromiso amoroso. Jean Paul Sartre y Simon de Beauvoir estuvieron entre los precursores de esa forma de vivir en pareja que, en estos tiempos, aunque sin un estatus social definido, ni reconocido como tal en los censos demográficos, se ve cada vez con mayor frecuencia.Andan por los 40. Son pareja desde hace mucho. Comparten noches, días, momentos especiales, viajes, vacaciones, fines de semana y, a veces, hasta tiempo con los hijos del otro. Y también la forma de ver la vida. Pero por decisión de ambos, ni la casa ni la economía son comunes. Cada carancho vive en su rancho...En algunos países se los llama "living apart together" (viviendo separados pero juntos, en una traducción aproximada), o LAT, por la sigla. Y aunque en la Argentina no tienen denominación precisa, es una forma de estar en pareja cada vez más visible también en Córdoba, en particular en ciertos grupos etarios de núcleos urbanos. Más allá del mandato. "En la posmodernidad la pareja se entiende como un vínculo amoroso que establecen entre sí dos personas adultas, con determinados pactos explícitos e implícitos, que responden a un contexto sociocultural y a una época determinada", sostiene la psicóloga cordobesa Mónica González, de orientación sistémica. Por esa razón y en ese contexto, la unión entre dos personas puede construirse en diferentes modalidades más allá de la tradición y del mandato social que ordena que una pareja consolidada, por definición, convive y tiene una economía unificada. Compartir un mínimo de noches (que suelen ser al menos dos a la semana); no tener otras relaciones al margen (o sea, ser monógamos), y conservar cada uno su propia vivienda, son las características esenciales de estas "nuevas" parejas, según definen las mejicanas Julieta Quilogran Salgado y Rossana Hernández Dávila, que realizaron una investigación sobre esta nueva modalidad de convivencia conyugal en su país, donde el fenómeno comprendería al 1,1 por ciento de la población adulta. Para las investigadoras, esta realidad de organización conyugal flexible que no responde a los esquemas conservadores, se vincula a características propias de los tiempos que corren. Entre ellas, a la separación de la vida sexual, marital y reproductiva, y también al hecho de que cada vez más son las parejas que se separan luego del matrimonio. "En un escenario de vida como el actual es previsible el surgimiento de nuevas formas de 'conyugalidad'", afirman. Contigo y sin ti. "La esperanza de vida se ha prolongado y la reproducción se maneja a voluntad, los niveles de escolaridad de la población son más elevados y las mujeres participan de manera cada vez más frecuente en los mercados laborales", enumeran. Y advierten que junto con estos cambios sociales, ha disminuido la estabilidad del matrimonio, lo que abre paso no sólo a la reincidencia en pareja, sino también a formas más complejas de organización familiar. En ese contexto, muchas personas están abiertas a volver a estar en pareja, pero no están dispuestas a repetir la experiencia de la convivencia. Buscan, en esa etapa de la vida, equilibrar la necesidad de independencia con el deseo de estar en pareja. Sin embargo, eso no implica –según aseguraron a este diario parejas con esta modalidad– que el compromiso afectivo no esté presente. La base es respetar el disfrute o la necesidad de contar con espacios propios físicos o psíquicos (vivienda, orden o desorden, amistades, manías, pasiones, hobbies, o tiempo a solas o con los hijos), que no se siente que se deban resignar por estar en pareja.Quienes eligen vivir juntos pero separados transitan, por lo que se ve empíricamente en Córdoba, la segunda mitad de la década de los '30, los 40, los 50 o incluso los 60; la mayoría se casó y se separó, o convivió en una unión de hecho que se quebró; y muchos tuvieron hijos con sus anteriores parejas.A su vez, este tipo de parejas son más propias de los grandes centros urbanos que de áreas rurales, donde predominan los modelos más tradicionales de familia, advierte González. Poder elegir es sano. Para la psicóloga cordobesa, vivir juntos pero separados es una alternativa para quienes eligen no perder su espacio, su autonomía económica y profesional, y buscan una relación más igualitaria y equitativa. En su opinión, poder construir la pareja de acuerdo con las necesidades propias, sin sentirse obligado a respetar los patrones tradicionales, es saludable y una elección que debe ser respetada. "La familia tradicional tal como la conocíamos está decreciendo y empiezan a verse formas diferentes de relacionarse, así como una diversidad de configuraciones vinculares a las que a veces incluso cuesta darles un nombre", señala la psicóloga."Cualquier forma que elijan dos personas adultas para conformar una pareja a mi criterio está bien, y es importante que se comprenda que esa alternativa diferente no tiene menos valor que la tradicional", concluye.
Realidad que crece
Juntos. En algunos países se los llama living apart together (viviendo separados, pero juntos, en una traducción aproximada), o LAT, por la sigla en inglés. Características. Comparten un mínimo de noches (al menos dos a la semana), no tienen otras relaciones al margen (es decir, son monógamos) y conservan cada uno su propia vivienda.Estudio. De acuerdo con investigaciones realizadas para dimensionar a nivel demográfico la realidad de las parejas que viven juntas pero separadas, representaban el ocho por ciento de la población adulta de Canadá en 2001; el 15 por ciento de ese grupo etario en el Reino Unido en 2003; y el 1,1 por ciento de los mejicanos adultos según una encuesta de 2005.

