Un proceso que viene a los tumbos
Hay muchas leyes que, una vez sancionadas, se olvidan para siempre. De ellas, debe haber pocas que hayan sido tan consensuadas como la Ley de Salud Mental de Córdoba. Edgardo Litvinoff.
Hay muchas leyes que, una vez sancionadas, se olvidan para siempre. De ellas, debe haber pocas que hayan sido tan consensuadas como la Ley de Salud Mental de Córdoba. La norma fue el fruto de un arduo trabajo de reflexión de los sectores involucrados: médicos, psiquiatras, psicólogos, enfermeros, docentes y académicos. Planteaba la desmanicomialización de los pacientes, a través de una serie de mecanismos que nunca se instrumentaron.Recién en enero pasado, a casi dos años de haberse aprobado, fue reglamentada. Se lo hizo de manera tardía e insuficiente: no se aclara, por ejemplo, cuál será el presupuesto destinado al área. O sea que seguirá dependiendo de acciones y reacciones como las de hace dos semanas, cuando la indignación social por lo que sucedía en el complejo psiquiátrico de Bell Ville obligó al Gobierno a sumar personal, recursos y obras que, o no estaban previstas, o bien hubo que adelantar.Sin esas imágenes tomadas por la legisladora Liliana Montero y difundidas por este diario, seguirían los solitarios reclamos sin respuesta.De todas maneras, las organizaciones sanitarias, civiles y profesionales involucradas en el sector de la salud mental advierten –como lo venían haciendo desde hace un año– que los últimos anuncios no serán suficientes para paliar la crisis del sector. A pesar de lo que afirman las autoridades sanitarias, que no dejan de enumerar obras y describir "todo el esfuerzo" puesto en modificar esa situación.Pero el Gobierno parece estar solo en esa interpretación.Ya está dicho hasta el cansancio, pero vale la pena repetirlo: no debe haber crónica más anunciada que la desencadenada tras la difusión de las fotografías de Bell Ville: pasó un año de reclamos locales, pedidos de informes, denuncias, advertencias de jueces y promesas incumplidas.¿Por qué se eligió llegar tan lejos?A una semana del anunciado relevamiento del director de Salud Mental –Osvaldo Navarro–, hasta anoche este no había escuchado una desmentida o una confirmación del Gobierno. Nada.Otra muestra para ilustrar un proceso que no deja de andar a los tumbos.

