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¿Por qué el tránsito nos pone violentos?

Cada vez son más frecuentes los episodios de agresión como consecuencia de un incidente vial. La falta de educación y las deficiencias en el transporte y en la red vial son las causas, aseguran los expertos del volante.

12 de abril de 2015 a las 12:01 a. m.
¿Por qué el tránsito nos pone violentos?
Estrés. Peatones, pasajeros y conductores suelen descargar el estrés que portan ante el mínimo conflicto. Todos coinciden en que se trata de un problema estructural (Sergio Cejas/LaVoz)

Martes 17 de marzo. Un automovilista golpea a un chofer de colectivo y se da a la fuga. El hecho se desencadenó luego de que el transportista pasara por un charco y salpicara al vehículo particular. Tras una persecución, el automovilista se sube al colectivo y golpea al chofer en la cara. Las calles están alteradas. Cualquier chispazo puede terminar en una agresión. Cada vez es más común retratar hechos de violencia sucedidos por inconvenientes en el transporte o el tránsito. ¿Por qué conducir o ser pasajero de colectivo nos pone tan violentos?La coincidencia es unánime. Hay razones estructurales: una mala infraestructura vial, un exceso de vehículos en las calles y deficiencias en el sistema de transporte público. Una causa cultural: los argentinos no somos tolerantes ni educados. Y razones personales: la gente se sube a los autos cargada de problemas personales. Lunes 16 de marzo. Tras haber cometido una infracción, una mujer ataca a patadas a una inspectora de tránsito que le estaba labrando un acta. La presunta infractora se bajó del auto para pegarle trompadas y patadas a la empleada municipal. "Hace tiempo que vemos más violencia y ocurre en oleadas, como si fuera contagiosa. Se da por cosas simples, como decirles que retiren el vehículo de doble fila. Sólo por ordenar el tránsito, la gente se irrita", dice Federico Nota, delegado gremial de los inspectores de tránsito.Para Nota, la infraestructura de la ciudad no es apta para la cantidad de autos que hay. "Está diseñada para la época de las carretas. A eso se suman los problemas de tiempo, familiares, sociales y económicos de la gente", comenta el inspector. Ante cualquier choque chico, el riesgo de que haya una pelea con trompadas es alto."Por el solo hecho de mirar ya se puede obtener una respuesta agresiva. Realmente es muy complicado circular", dice Hugo Cisterna, del gremio de Peones de Taxi. Y asegura que las presiones familiares y laborales se descargan en las calles. Hasta la muerte Miércoles 11 de marzo. Marcos Negro toca bocina al auto que va adelante para que lo deje pasar en el puente que une Villa María y Villa Nueva. Tras varias maniobras e insultos, el conductor y acompañante del otro vehículo le da una golpiza. Marcos es internado y fallece a los cinco días del hecho. "Se ha perdido el valor por la vida", dice Cisterna. Y agrega: "No sólo en discusiones entre conductores, sino en cualquier episodio callejero. Hay un problema cultural. Hay una falla en la educación. Desde chico se pierde respeto por el prójimo".En los últimos años, hubo otros dos episodios de violencia en el tránsito que terminaron en tragedia.En abril de 2014, el camionero Martín González fue asesinado en Las Varillas. El autor del crimen fue Víctor Salvático, quien había realizado una maniobra brusca sobre la ruta provincial 13. Este accionar es recriminado por el camionero. Tras una discusión, Salvático lo golpea con una lanza para remolcar. González cae al suelo. Salvático le incrusta la barra metálica en el pecho.En marzo de 2012, Oscar Fisogne hiere de muerte a Luis Frontera con una especie de bate. Todo comenzó por una discusión tras una mala maniobra en la avenida Ricardo Rojas. Frontera siguió a Fisogne hasta una gomería para recriminarle por su accionar. Falleció tres días después de la golpiza. Martes 7 de abril. Un inspector es atropellado por un motociclista en el centro de la ciudad. El conductor intentaba evadir un control de tránsito. El agente fue arrastrado cinco metros y tuvo que ser internado. El intento de fuga durante los controles es un clásico para los inspectores de tránsito, sostiene Nota. "Tenemos al menos un caso con violencia física por semana", dice.Y advierte que huir empeora las cosas. "El acta casi siempre se labra igual y se suma un informe para que el juez de Faltas conozca el hecho. Las penas se agravan. Si hay una lesión física se denuncia ante la fiscalía", detalla. En el transporte Martes 7 de abril. Un chofer de la línea 45 se niega a continuar su viaje tras haber discutido fuertemente con una pasajera. La señora se queja de que tuvo que esperar el colectivo media hora. El conductor nervioso decide frenar la unidad. "La gente está furiosa porque el servicio no es bueno y se descarga con nosotros, que damos la cara", comenta Alfredo Peñaloza, exsecretario general de la UTA, gremio que agrupa a los choferes de colectivo.Peñaloza también apunta a un problema estructural. "Tenemos que cumplir un horario muy riguroso que a veces no se logra no sólo porque el servicio es deficiente, sino también porque el parque automotor está excedido. Hay calles que deberían ser exclusivas para el transporte público. La calle Belgrano es la misma por la que andábamos hace 30 años", ejemplifica. Cisterna coincide: "Estamos en una ciudad superpoblada de vehículos que transitan sin orden. El control no es el adecuado. En el área central no deberían transitar autos particulares en el horario comercial".El representante de los choferes de taxi también cree que la educación vial debería ser una materia obligatoria desde la escuela primaria.Por su parte, Nota cuenta que en las próximas semanas los inspectores de tránsito recibirán una capacitación con psicólogos y expertos en educación vial para saber cómo tratar a los conductores en el momento de labrar un acta."Hay que estar adiestrado para actuar ante una situación de violencia. Ningún inspector es agresivo, pero cuando de la contraparte hay violencia, tenemos que saber cómo controlarnos", asegura.