Pericón en las escuelas, rock en el Centro Cívico
Los festejos centrales por la Independencia tuvieron lugar en Hernando. Hacia allá partieron autoridades y unidades civiles y militares. Allá izaron la Bandera, cantaron el Himno, hubo números folklóricos y cuadros alusivos. Rosa Bertino.
Los festejos centrales por la Independencia tuvieron lugar en Hernando. Hacia allá partieron autoridades y unidades civiles y militares. Allá izaron la Bandera, cantaron el Himno, hubo números folklóricos y cuadros alusivos. En Córdoba Capital, el 25 de Mayo se celebró con un megafestival en el Centro Cívico, con rock alternativo y nacional. Tan sólo la ornamentación, en celeste y blanco, permitía deducir el cariz de la celebración. Un funcionario argumentó que "esto es lo que le gusta al pueblo, y está bien que lo disfrute gratis una vez al año". ¿"Una vez" al año? ¿Cuántas veces tiene un año? Por suerte, la escuela de ninguna manera interrumpe el hábito de conmemorar con Himno, pericones y pastelitos; minuto de silencio cuando ingresa y se retira la Enseña patria. Además, hay reparto de escarapelas a la entrada y salida del salón. No estaría mal protocolizar los festejos patrios, establecer una pauta general para su producción y desarrollo. Es verdad que un chico no va a mamar lo que es la patria en un acto escolar, ni el adulto lo va a perpetuar en esa instancia. Pero es una excelente oportunidad de reflexionar sobre los acontecimientos históricos. Hoy usted le pregunta, a un alumno cualquiera, y al padre o madre de este, cuál es la diferencia entre el 25 de Mayo y el 9 de Julio, y con suerte le dirán que el primero transcurrió en Buenos Aires y el segundo, en Tucumán. En todos lados debe ocurrir algo parecido, consecuencia de la llamada "sociedad del espectáculo". El francés Guy Debord (1931-1994) acuñó este término en la segunda mitad del siglo pasado, advirtiendo sobre la alienación consumista y la tentación de ser espectador antes que hacedor.Ignorante de las categorías filosóficas, pero dándoles la razón, en ocasiones como esta cada familia gasta sus buenos dinerillos, en el alquiler de disfraces. Antes, la levita o el traje de dama antigua, peinetón incluido, eran hereditarios. Hoy no queda quién haga esa faena. Tanto apronte para que, llegado el momento, apenas se logre divisar lo que ocurre en el escenario. La visión se ve obstaculizada por decenas de espaldas que enarbolan cámaras fotográficas, tratando de captar al niño que zapatea o dice su línea de texto. La mayoría de los docentes han optado, o más bien han sucumbido a la cultura mediática. Hace tiempo que rige el esquema "transmisión actualizada de los sucesos de Mayo". Supuestos locutores y columnistas de exteriores nos cuentan lo que ocurre dentro y fuera de un Cabildo que desapareció de las escenografías. En la representación escénica, los chicos informan y discuten con la jerga y el tono mordaz o agresivo que se escucha en los noticiarios. Ni siquiera han hecho un poco de revisión lingüística. Total, en un par de años estarán participando de un espectáculo de rock al aire libre. Flaco favor le hacemos al pasado, y al presente.

