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Pena leve en un caso de violencia de género

Un hombre le aplicó 20 puñaladas y dejó a su mujer al borde de la muerte, pero cambiaron la carátula de tentativa de homicidio a lesiones graves.

06 de mayo de 2011 a las 12:01 a. m.
Pena leve en un caso de violencia de género

Un veredicto cuanto menos controversial sacudió ayer la sala de audiencias de la Cámara Cuarta del Crimen de la ciudad de Córdoba cuando un acusado de intentar matar a su mujer de 20 puñaladas recibió una condena menor por lesiones graves que le permite recuperar hoy su libertad. Con esto, el tribunal parece adherir a la falta de intención o dolo de matar y se inclinó por una pena de tres años de prisión, en lugar de los seis pedidos por la fiscal.La única audiencia de este juicio prometía convertirse en un caso testigo de violencia de género, no sólo por sus características sino porque, además, había sido destinado para el seguimiento de tres funcionarias judiciales estadounidenses que se sentaron en la sala acompañadas por la vocal del Tribunal Superior de Justicia, María Esther Cafure de Battistelli. En cambio, la resolución parece haber resultado la excepción a lo que se viene presenciando en este tipo de causas. El caso. Daniel Alberto Amato (35) está preso desde hace más de 13 meses, con la acusación de intentar matar a su mujer, tratando de asfixiarla presionándole el cuello y, luego haberle asestado 20 cortes con una cuchilla, tres de los cuales fueron punzocortantes y le provocaron tal desangramiento que casi muere por un shock hipovolémico. Tras varios días de estar inconsciente, los médicos salvaron a Marisa Carranza, concubina del victimario desde sus 14 años y madre de sus cuatro hijos. El acusado trató de relatar una versión que no resultó creíble. Un trato amoroso al enterarse de una infidelidad de ella y una excesiva comprensión, no se correspondieron con el hombre violento que terminó por demostrarse qué es. Para peor, su mujer (y víctima) intentó defenderlo vehementemente, pretendiendo –palabras más, palabras menos– que todo se había producido por sus propios errores. Tal fue el grado de tenacidad que aplicó en defender a su concubino, que se produjo una áspera discusión entre ella y la fiscal Laura Battistelli. Le costó a la acusadora llegar al núcleo de la cuestión, debido a la enérgica defensa de esta mujer "enamorada" que lleva sus hi-jos a la cárcel y cumple las visitas íntimas. La joven argumentó que tras su estado de inconsciencia sólo recordaba un corte que ella misma se había hecho, presuntamente con intención de autoagredirse. Pero la resistencia de la testigo cejó cuando Battiste-lli preguntó y repreguntó si además de la primera lesión en el brazo que ella se había provocado, las otras 19 no se las ha-bía hecho su marido. Luego de evasivas, la testigo tuvo una acceso de franqueza: "Sí, sé que me las causó él, pero lo perdoné ¿Y qué?". A esto se le sumó el testimonio de la madre de la víctima que confirmó que las agresiones eran frecuentes –"él le vivía pegando"– y que la chica quería ir a vivir a su casa. "Mi hija iba y venía porque había sido golpeada", resumió. El defensor Hugo Luna parece haber impuesto su criterio de que no había pruebas suficientes para determinar la intención o dolo de matar. No pocos se mostraron sorprendidos por el fallo que hoy dejará libre a Amato, de confirmarse su buena conducta en el penal. Todos esperan los fundamentos de una sentencia a la que se arribó por unanimidad.