Pegate un viaje a Córdoba
Si los cordobeses debiéramos adaptarnos a los clichés que cada sector se representa sobre el habitante de esta provincia, deberíamos ser al mismo tiempo estandartes del Cordobazo –del verdadero– y de Luciano Benjamín Menéndez; prototipos del “Negro” Álvarez y de Fernando de la Rúa; cruzados de la Iglesia Católica y fans de Deodoro Roca.
Si los cordobeses debiéramos adaptarnos a los clichés que cada sector se representa sobre el habitante de esta provincia, deberíamos ser al mismo tiempo estandartes del Cordobazo –del verdadero– y de Luciano Benjamín Menéndez; prototipos del "Negro" Álvarez y de Fernando de la Rúa; cruzados de la Iglesia Católica y fans de Deodoro Roca. Así que, si es por eso, cualquier argentino podrá encasillarnos donde quiera y hallar tan buenos argumentos para no venir a Córdoba como el que otros solemos encontrar para no morirnos de frío y aburrimiento en una playa de la costa bonaerense (y María Eugenia Vidal no tiene nada que ver).La campaña militante K "No viaje a Córdoba" inundó la Web estos días, para que "luego del desprecio que mostraron por el resto del país", no se viaje más de vacaciones "a llenar los bolsillos de gente que sólo demuestra su odio".Esta acción y su reacción provocan preguntas interesantes.La primera: ¿quién sería en este momento un militante K? ¿El que no se resigna a haber perdido las elecciones? ¿El que tiene que seguir bardeando por Twitter porque ya le pagaron noviembre? ¿El que intuye que se le esfuma un cargo? ¿El genuino, que nunca accedió a ningún beneficio extra y está triste por la derrota en las urnas, pero en cuanto se le pase esperará las medidas que tome el nuevo gobierno para saber si espera un tiempito más o si empieza a oponerse ya?Esto lleva al segundo interrogante: el de la entidad que les damos a ciertas cosas que se tiran en las redes. ¿Cómo medir si se trata de una campaña organizada desde alguna estructura o si es un tuit individual y furioso, que sólo replicamos para inducir a creer que se trata de lo primero y así apuntalar nuestra tesis sobre lo que pensamos de ese otro colectivo?¿Cómo participamos de esas cadenas sin transformarnos en sus eslabones? En ese sentido, los memes –la mayoría– han creado una conciencia colectiva más fundada y apartidaria: se ríen de todo.Tercero: ¿cuánto nos reímos de ese tipo de boicot antiprovincia, cuánto nos preocupamos y cuánto nos ofendemos como soportes de un reino –el cordobés– que nadie nos va a venir a menospreciar porque creemos sobresalir del resto? Difícil diferenciar entre las tres posturas, aunque la última es a veces un espejo que no nos devuelve lo que nos gusta. Ni como cordobeses ni como argentinos.Cuarto: cuando a los cordobeses los acusan de "gorilas y vendepatrias", ¿están imputando al porcentaje ganador de la última elección, de la anterior –las Paso–, de la provincial, de la municipal o de las presidenciales de hace cuatro años?En el ranking "Fito Páez" del asco, ¿quién gana? ¿El porteño o el cordobés? ¿El santiagueño o el tucumano? ¿Sería esta una competencia por saber quién es quién, que no es más que la búsqueda por saber quiénes somos –como personas, sin gentilicios?La piel se eriza de sólo pensarlo.

