Paredes que ven, y que hablan
Todo está pensado para que uno entre y se quede en el centro comercial. Rosa Bertino.
Todo está pensado para que uno entre y se quede en el centro comercial. Las escaleras mecánicas, por ejemplo, tienden a depositarnos en los pisos superiores. Pero para bajar a veces no hay más remedio que usar las comunes, en las salidas de emergencia. Como si hicieran falta estas estrategias. Cuánta gente "soluciona" sus problemas mirando vidrieras o yendo de compras. Los niños te arrastran a los jueguitos, sin que nadie les haya lavado el cerebro. Este ya viene condicionado. Cada shopping tiene su público, según su ubicación. En Córdoba, el Olmos es el favorito de la adolescencia, sobre todo la de barrios periféricos. Un detalle muy tenido en cuenta por los mayores, a la hora de ir al cine, aunque los chicos no tienen la culpa de que nadie cierre las puertas y el sonido de una sala invada a la otra. Contacto visual. En el último andar, los menores de 18 ó 20 disponen de una zona de entretenimientos propios de su edad. Por esta y otras razones, sobre todo por las ardientes chupinas que se mandan durante el período lectivo, el descenso por las escaleras interiores brinda un vibrante testimonio de la chiquilinada actual. Cabría calificarlo de psicodélico, aplicando el término introducido a fines de la década de 1950 por el psiquiatra Humphrey Osmond y el escritor Aldous Huxley, para aludir a las "manifestaciones del alma". Quienes cultivan el realismo social encontrarán dicho testimonio fascinante. Pero los impresionables mejor bajen por las escalinatas centrales. Además de suciedad, las paredes contienen mensajes de dudoso tenor. Lo que antes se hacía en los baños, hoy cubre superficies abiertas. Dos cosas llaman la atención. Primero, que la ortografía y la caligrafía son bastante aceptables. Segundo, que las chicas registran mucho más que los chicos. Otra gran diferencia con el pasado. Los grafitis femeninos son irónicos y sexuales. A su manera, Silvia Süller y Fabio Moli llegaron tan lejos como Osmond y Huxley. Ella inmortalizó la palabra "chizito", y la "Mole", al "c…" cordobés. Las niñas no tienen empacho en consignar cuánto mide el primero, más los datos del Ipem al cual concurren (al dueño del "chizito" no le debe haber hecho gracia reconocerse). Deformadores. Una ya no se horroriza por nada, porque viene de una camada que primero tiró la chancleta, después la toalla y finalmente la balanza. Pero no deja de sorprenderse por el conocimiento fáctico de las nuevas generaciones mujeriles. ¿Cómo serán las clases de educación sexual? ¿Es lícito responsabilizar a esa asignatura del embarazo precoz o la violencia de género? En España, por citar un país europeo, los abortos, Enfermedades de Transmisión Sexual y muertes femeninas aumentan "un 10 por ciento anual" (datos 2008). Ya no se lo achacan más a la escuela, sino a "la inconsciencia con que los jóvenes gestionan su vida personal y sexual". Esa inconsciencia, ¿de dónde surge? Quizá de medios y mensajes cuyas consecuencias no sabemos medir. La escuela y el hogar dejaron de ser educadores prioritarios. Hoy la pantalla ofrece un incentivo y una deformación permanente. De la tele saltan a los escenarios, a razón de equis obscenidades por minuto. Total, nadie les va a reclamar. Encima les pagan y los aplauden, y a los platos rotos los paga la escuela.

