El papa Benedicto y las limitaciones de la edad
Por fin alguien pateó el tablero. Siglos que no ocurría algo así, literalmente hablando. El Papa renunció a su pontificado y dejó a todos con la boca abierta. Rosa Bertino.
Por fin alguien pateó el tablero. Siglos que no ocurría algo así, literalmente hablando. El Papa renunció a su pontificado y dejó a todos con la boca abierta. El tema prendió en la opinión pública hasta desplazar las idas y vueltas de Juan Román Riquelme, el nuevo vástago de Maradona, y ¡qué-calor-que-hace! En la calle –y por tal entiéndase el circuito de paradas, salas de espera y colas frente al cajero– se percibe una saludable admiración por esta "inesperada movida" de Benedicto XVI. Es interesante analizar el porqué de la reacción. Media humanidad está harta de los ídolos y dirigentes a perpetuidad. Nuevo ciclo. El 10 de febrero de 2013 será un hito, y nosotros los contemporáneos de un inusitado giro de la Historia. En una de esas, los mayas acertaron al vaticinar que este año empezaba un nuevo ciclo. Detrás de la renuncia está el hecho de que a Benedicto y a la Iglesia Católica les vienen con las dos manos, y desde hace rato. Salvo en Cuba, en el resto del mundo les pegan más que el granizo. Por ello, es gratificante comprobar que una persona tan denostada por su conservadurismo, que representa a la institución más acusada de oscurantismo y fobia al presente, ha tenido la amplitud necesaria como para cambiar 600 años de tradición y obediencia. Antes que pontífice, monseñor Ratzinger es alemán. Y antes que alemán, es bávaro. El sujeto menos pensado tomó una drástica determinación, a los 85 años, sin revolear sotanas ni sandalias. Dijo "no soy apto para este cargo" y dio un paso al costado. Sin émulos. La izquierda opina que la decisión papal no es "revolucionaria", sino "novedosa". ¿Qué otra cosa puede decir lo que fuera el mayor agente de transformación de los siglos 19 y 20, (pero) cuya última gesta subversiva fue el mayo francés de 1968? Es probable que, en lo sucesivo, no haya que esperar a que el papa chochee años enteros y se muera alguna vez, como un viejo rey repechado en su trono. Quizá deje de ser un florero o una costumbre y vuelva a ser un referente espiritual. Lo francamente improbable es que su ejemplo cunda en la dirigencia internacional. Menos aún dentro de la Argentina. Las gerontocracias arrancan cada vez más temprano y se aseguran la sucesión. Alguien le señaló a Hugo Moyano que para 2015 tendrá 72 años, "demasiados" como para ser presidente. Este respondió que más viejo era Juan Perón cuando inició su tercer mandato. Lo cual nos hizo recordar que el General se las arregló para dejar a su mujer en el sillón de Rivadavia. Pero dista de ser el único caso. Hace rato que no vemos caras nuevas en el sindicalismo, la política o la TV. ¿Cuántos papas verá pasar Susana Giménez antes de que su figura deje de ser portada de revista? Ciertas cosas son más pétreas que el más rancio catolicismo.

