Pachano y la psicóloga
Anteayer se conmemoró otro Día Internacional por la Eliminación de Toda Forma de Violencia hacia la Mujer. Rosa Bertino.
Anteayer se conmemoró otro Día Internacional por la Eliminación de Toda Forma de Violencia hacia la Mujer. Las que lo tenían bien presente, impulsaron las clásicas acciones concientizadoras en la peatonal. Son las que luego salieron en el diario, y por la tele. Probablemente las mismas que hoy encabezarán la maratón temática. En cambio, las que no tenían idea de la efeméride, y acaso tampoco les importaba demasiado, partieron a ver el show de Aníbal Pachano o a la psicóloga chilena Pilar Sordo. Esto no tendría nada de particular, si no fuera por la coincidencia de la fecha. Y por la visión de una abrumadora masa femenina colmando la Ciudad de las Artes y cruzando la Tecnológica, respectivamente. Era un espectáculo en sí mismo. Bloquearon el tránsito; demoraron colectivos. Hasta desfilaron sin advertirlo frente a un gran mural sureño que afirma, "Cuando una mujer dice 'no', es 'no'". También había hombres, pero pocos y en calidad de acompañantes. Mentalidades. El 25 de noviembre se instituyó en 1991, en memoria de las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, asesinadas en 1960 por la policía del dictador dominicano Rafael Trujillo. La movida de este último cuarto de siglo logró que, quien busque algún dato sobre Trujillo, se tope con aquel horrendo episodio. Al "Chivo" le quedó la marca en el orillo, gracias a la militancia femenina y a Internet. Un precedente alentador, porque refleja el avance logrado al cabo de varios años. No es fácil cambiar la mentalidad machista en las sociedades latinoamericanas, empezando por la de la propia mujer. Ella es la asignatura pendiente. Si no se quita las telarañas, y se convierte en un agente de transformación para sí misma y sus congéneres, es medio inútil seguir sacando leyes. Detrás de cada ley aparece una nueva oficina gubernamental. Pero las estadísticas empeoran, y ya no sirve aferrarse a la muletilla "es que antes no se denunciaba …" Mejor hacer un seguimiento prolongado de las denuncias. Ayuda. Una joven voluntaria de Punilla elaboró un riguroso informe sobre "La ley 9.283 como otro factor que impide salir de la violencia doméstica". Lo presentó hace poco, e incluso le envió copia a Carmen Argibay, jueza de la Suprema Corte. La ley de marras es de 2006, una de los tantos instrumentos de mejoría social alentados por los Kirchner. Se suponía que era (y desde luego lo es), una forma de ayudar a víctimas de maltrato. Sin embargo, la autora descubrió que muchos expedientes terminan en la nada. Entre otras razones, porque la mujer "creyó" que la denuncia lograría "cambiar" al varón. En el fondo, no quiere apartarlo. Quiere retenerlo, y que la trate bien. Aunque partan de una realidad incuestionable, las conclusiones del informe suenan a verdades de Perogrullo. Por ejemplo, piden la "contención y reeducación" de esas mujeres. El problema es que son un montón. No sabríamos por dónde empezar. Pero el objetivo no es tan alocado. Las ingentes y bullangueras plateas femeninas tipifican nuestra era. ¿Acaso no expresan un mecanismo, o una necesidad de autoayuda? A una puede no gustarle el music hall de Pachano. Menos aun, los eslogans de la psicóloga chilena, una maestra en el arte de manejar públicos masivos. Pero no puede negar el derecho de toda mujer a tener un buen motivo para salir de casa y pasarla bien en compañía de sus amigas. A veces es todo lo que le queda, para seguir remando.

