Temas del día:

"Ojalá el ADN sirva para resolver las dudas sobre los restos"

Prudencio Bustos Argañaraz, historiador y político, es escéptico, pero espera el resultado del análisis de la sangre que ya le sacaron.

08 de julio de 2011 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
"Ojalá el ADN sirva para resolver las dudas sobre los restos"

Es posible que su sangre, a 13 generaciones de distancia y con un tatarabuelo en común con el prócer cordobés, ayude a despejar las dudas sobre si los restos hallados en el presbiterio de la Iglesia de Santo Domingo, en Santa Fe, pertenecen o no a Juan Bautista Bustos, tal como lo señala una investigación sustentada en la pericia del Equipo Argentino de Antropología Forense y respaldada por las autoridades provinciales. Prudencio Bustos Argañaraz, justamente miembro de la Junta Provincial de Historia y hombre de larga actuación política, es uno de los parientes del primer gobernador constitucional con cuyo ADN se buscará la coincidencia. Ese análisis podría ser la prueba decisiva, aunque no son pocas las dificultades que se deben atravesar. Hasta ese resultado, Bustos Argañaraz es escéptico."Claro que me encantaría que esos restos sean los de Juan Bautista Bustos, como pariente, como cordobés y como historiador. Pero tengo incertidumbre. Entiendo que con los elementos que se tienen no se está en condiciones de hacer afirmaciones categóricas. Yo pienso que no hay elementos históricos para asegurar que se trata de sus restos, aunque tampoco estoy en condiciones de sostener que no lo son. Ojalá el ADN (ya me sacaron sangre) sirva para resolver las dudas", afirma Bustos Argañaraz. –Y sobre los elementos científicos a los que recurrió la investigación, ¿qué piensa? –El trabajo con georradar que ha llevado a dar con ese cuerpo partió del supuesto de que el que pertenecía a Bustos estaba enterrado en el actual presbiterio de la iglesia, tema que es objeto de discusión. Con respecto a las heridas que sufrió tras la batalla de La Tablada, no hay registro ni fehaciente ni aproximado sobre ellas. –Estos acontecimientos, incluidos los tan postergados monumentos que se han levantado, permitieron que los cordobeses vuelvan a considerar la figura de Bustos. –Es un mérito que hay que reconocerle al gobernador (Juan) Schiaretti. En 1973, cuando asumió (Ricardo) Obregón Cano, habló de recuperar sus restos. Incluso, una iniciativa del entonces diputado provincial Ramón Mestre proyectó un monumento frente a Epec. –¿Por qué cree que la sociedad cordobesa demoró tanto su reconocimiento? –Porque estuvimos subordinados a Buenos Aires, que nos señaló a los próceres que debíamos tener como propios. Nos dijo: José María Paz, Vélez Sársfield, el deán Funes... Entonces estábamos sometidos a la ciudad que se haría dueña del país. Y cuando toda la plata argentina está concentrada en Buenos Aires, no falta gente que trabaja en función de sus intereses, como también sucede en estos días, en los que seguimos viendo un centralismo obsceno. –Es decir, Buenos Aires nos señaló a los que trabajaban por sus intereses. Incluso un castigo a aquella Córdoba federal y rebelde. –En 1853, cuando nos dimos una Constitución Nacional, Buenos Aires no participa del Congreso y Mitre envía a Paz a Córdoba para impedir que también envíe delegados. El gobernador (Alejo del Carmen) Guzmán le da 24 horas a Paz para que se retire. Estas cosas tienen que ver con el odio infernal con el que Mitre y Vicente Fidel López hablan de Bustos. –No está de acuerdo con que a Bustos se lo considere caudillo. ¿Por qué? –El término tiene entre nosotros una connotación francamente peyorativa, pues alude a líderes populares que guían a su gente con un fuerte autoritarismo, con culto a la personalidad y desprecio por las instituciones republicanas. Bustos, al contrario, gobernó de la mano de una Constitución y no por la fuerza. Además, es el término con el que la historiografía porteña descalifica a los que se opusieron a su hegemonía.