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Números que no deben dejar de asombrarnos

Cómo no asombrarse de los números de muertos en rutas y calles de Córdoba. Julio Ambrosio.

01 de octubre de 2011 a las 12:01 a. m.
Julio Ambrosio*
Números que no deben dejar de asombrarnos

Cómo no asombrarse de los números de muertos en rutas y calles de Córdoba. A la gran cifra de fallecidos que cada mes vemos, hay que sumar muchos más que, por culpa de un choque vial, quedaron en silla de ruedas o con lesiones permanentes, por lo que no podrán llevar una vida como la que acostumbraban llevar, por el resto de sus días. Pero no sólo sufren con cada siniestro vial los involucrados directos. También debemos tener en cuenta, al momento de pensar en lo que causa un choque de tránsito, el daño psicológico que cada tragedia vial causa en los familiares de las víctimas, la mayor parte menores de 30 años, según el promedio.¿Cuántas muertes más debe haber para entender que necesitamos una sola ley de tránsito que rija en todo el territorio nacional? Para que esta sea útil, se creó la Agencia Nacional de Seguridad Vial y el Consejo Federal de Educación Vial, con el objetivo de normativizar por fin un sistema que hoy es casi anárquico, si nos detenemos sólo a ver lo que ocurre en la provincia.En Córdoba tenemos una ley provincial a la que muchos municipios no adhirieron, otros sí lo hicieron y otros se acoplaron a la ley nacional. Cualquiera hace lo que quiere y el Estado, ausente. Nuestras rutas son intransitables. ¿Qué espera Vialidad para salir a reparar, a demarcar, a señalizar todas las rutas de la provincia? Sólo se pide asfalto, pintura y señalética. ¿Es tan difícil hacer eso? ¿No hay presupuesto?Las tragedias viales no respetan edad, sexo, estatus social. Estamos todos en riesgo y la única forma de empezar a atacar este problema es Estado y ciudadanos trabajando en forma conjunta, declarando la emergencia vial y obligando a todas las provincias a adherir a la ley nacional.No estoy en contra de nadie, sino a favor de la vida de nuestros hijos y seres queridos. Yo perdí dos hijas, nadie me va a explicar el dolor que causa. No hay dolor más profundo y lacerante que cuando un padre o una madre tiene que ir a una funeraria a ponerle el último traje que va a usar su hijo, su hija o un ser querido. No sólo se entierran los sueños de ese ser amado: enterramos nuestros propios sueños y la vida jamás vuelve a ser igual.

*Estrella Amarillas, Córdoba